Heteroflexibles, una moda que atrapa a cada vez más jóvenes, sobre todo mujeres.

Nota: Chiche

Nota: Chiche

Agustina había estado las tres cuartas partes de la novela buscando a Lucas, el personaje de Gastón Soffritti. Hace una semana, sin embargo, otra curiosidad pudo más y se animó a robarle un beso a Valeria, su amiga. La escena de Natalie Pérez y Sabrina Fogolini en “Vecinos en Guerra” llevó al prime time  de la tele una tendencia sexual de moda: la heteroflexibilidad. Hombres y mujeres que se permiten concretar una relación homosexual cada tanto pero que continúan eligiendo parejas del sexo opuesto. En este caso, el hábito no hace al monje y, si bien los especialistas aseguran que hay un nivel de desafío mayor, buena parte de estos flirteos con el mismo sexo no terminan definiendo una orientación homosexual.

Son una especie de “permitidos” más ligados a la libertad y a la fantasía que una elección definitoria.

Victoria Alfaro, médica especialista en sexología clínica y miembro de la Sociedad Argentina de Sexología Humana, habla de bicuriosidad. “La heteroflexibilidad es una preferencia sexual: una elección voluntaria que determina la vida sexual al establecer un género u otro como objeto de deseo”, explica. Este carácter voluntario es el que no la convierte en una orientación sexual hecha y derecha, como podría ser la hétero, la homo o hasta la bisexualidad. “La orientación no es una elección, por lo tanto no se cambia. Los heteroflexibles van y vienen, prueban, cambian, vuelven a lo anterior”, agrega Alfaro.

Ese ir y venir es tomado como una evolución y no como una pantalla.

No buscan una relación heterosexual para cubrir su verdadera orientación. Apuestan a la variedad y al goce. Sus relaciones no suelen ser promiscuas. “Puede ser un toque o una relación más larga con alguien del mismo sexo en medio de elecciones heterosexuales. Y no implica una experiencia colectiva, casi siempre son parejas únicas mientras duran ”, dice Graciela Faiman, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Lo central es no tener reparos a la hora de elegir o de cambiar.

La tendencia heteroflexible pega fuerte en los jóvenes de clases medias y acomodadas. “Es una franja que está dejando la adolescencia y llega hasta los veintipico. Chicos que se permiten un acercamiento menos prejuicioso al sexo y que tienen un consumo cultural que les suma opciones”, aclara Faiman.

Muchas veces los chicos que se animan a probar una experiencia homo en medio de relaciones hétero tienen amigos que ya lo hicieron. No les da vergüenza contarlo porque, en el círculo en el que se mueven, un touch and go  con el mismo sexo no les quita puntos ni con sus amigos ni para futuras conquistas.

“Hoy los jóvenes son los que viven con más naturalidad la flexibilización de la sexualidad, y la viven de ésta manera desde el inicio de su vida sexual”, asegura el sexólogo Patricio Gómez Di Leva.

Al parecer, la cuestión es probar. En una encuesta del canal erótico Venus, en febrero, sobre 4.396 votos, el 48% dijo tener fantasías bisexuales. El 27% aseguró haberlas concretado. “Son sexualidades más flexibles, que permiten apartarse de modelos rígidos en pos de una construcción más libre y personal y de disfrutar de la sexualidad de maneras diversas”, agrega Gómez Di Leva. Para Faiman, el goce está en el sentimiento de libertad “de no estar atado a una regla universal. Un valor ligado a la juventud”. Alfaro asegura que hay una parte de transgresión y otra de pertenencia a un grupo. “Las mujeres recorrimos un gran camino, ganamos lugares en lo laboral y en lo cultural. Nos liberamos de una manera más integral que los hombres. Y hoy somos interesantes para otras mujeres”, agrega Faiman.

El mundo cambia y los roles no son tan tajantes como en el tiempo de nuestras abuelas. “El destape de la sexo-eroticidad en la mujer, como pueden ser los besos o toques en público, aunque no tengan intención de relaciones homosexuales ciertas, tiene sus raíces en diferentes formas de des-feminización en ellas, y de des-masculinización en ellos”, apunta Alfaro.

Para Faiman, sumarse a una alternativa sexual flexible es más difícil para los varones, porque cargan con el peso de la homofobia y porque están acostumbrados a ser los dueños del mundo. ¿Conflictos? “Los padres sufrimos, fundamentalmente porque a nuestros hijos les pasan cosas que cuando nosotros éramos jóvenes no nos sucedían”, diagnostica Faiman.

Las parejas, en cambio, son un GPS en eterno cálculo. “Enterarse de que un marido, novio o esposa tuvo en algún momento una relación homosexual o fantasea con tenerla puede ser desestabilizador si no se comparten los mismos valores. En una pareja que tiene los mismos códigos, puede ser un disparador para otras prácticas, como el poliamor o el intercambio de parejas”, dice Alfaro. Y en la variedad, parece, estaría el gusto.