Literatura: Libros nuevos y viejos para contar la guerra de Malvinas

Respecto a la guerra de Malvinas, la literatura argentina tiene un hito fundamental y fundacional, medible entre el 11 y el 17 de junio de 1982, que son los días que Rodolfo E. Fogwill tardó en escribir Los Pichiciegos .

Primera y urgentísima voz sobre el conflicto que terminó con la dictadura más sangrienta de nuestra historia, Fogwill entierra su pluma en las trincheras de turba húmeda y helada, y deja un testimonio visionario sobre los combatientes, como criaturas que recrean el mito griego de la joven Perséfone, raptada por Hades y obligada a vivir en el inframundo.

Pero estas perséfones autóctonas fueron sepultadas por el poder de facto en una guerra demencial y armadas con elementos de combate miserables. Cuesta creer que el mismo Fogwill no haya sido uno de esos jóvenes entumecidos por el miedo.

La novela está narrada por los protagonistas menores del conflicto: los últimos soldados en el escalafón, y cuenta la batalla contra el frío, la mezquindad y la tortura en el último tramo de la guerra, hasta la rendición de los altos mandos argentinos.

Es cierto que la ficción es un recurso que da cuenta de los conflictos de una comunidad, sin embargo, y tal vez por ser una de las heridas moralmente más purulentas, no fueron muchos los relatos sobre la contienda que Argentina mantuvo con Inglaterra en el otoño de 1982.

Más allá de la novela mencionada y de la monumental Las islas  de Carlos Gamerro -editada en 1998 y llevada al teatro por Alejandro Tantanián en 2011- que cuenta el derrotero narcótico de un excombatiente en un continuo que incluye la lucha armada de los 70, la represión, la misma guerra y la debacle neoliberal de los 90, la potencia silenciadora del trauma parece haber acallado las voces hasta ahora. Pasados ya 30 años, y a resguardo del lema que dice que el tiempo cicatriza las heridas, nuestras bibliotecas comienzan a poblarse de títulos que nos interpelan.

En 2011 Guillermo Orsi publicó Segunda vida  (Norma), una novela cuyo protagonista es un excombatiente para el que la guerra no terminó y la emprende armado y con socios contra bancos y joyerías. En Las otras islas , una antología de relatos que acaba de publicar Alfaguara con las firmas de Liliana Bodoc y Pablo de Santis entre otros, se instala algo que puede servir como una clave para comprender la marca social que dejó la guerra: la identidad del excombatiente es absoluta y arrasa con cualquier otra subjetividad posible.

Si algo puede leerse en la literatura que sangra por la herida de Malvinas, es que los chicos de la guerra son para siempre ex combatientes.

En su Trasfondo (Adriana Hidalgo), Patricia Ratto ficcionaliza su investigación sobre la participación en la guerra del submarino ARA San Luis: con fallas en los motores y en los torpedos y ajenos a lo que pasaba afuera, la tripulación tuvo que enfrentarse a la armada británica. En La balsa de Malvina  (Suma de letras), Fabiana Daversa le da voz a la hija de uno de esos conscriptos, al que la sociedad dio la espalda; la joven inicia un viaje hacia un pasado que se extiende hasta el siglo XIX y se promete volver a las islas cuando sus calles se llamen San Martín, Bolívar, Ayacucho. Silvia Plager y Elsa Fraga Vidal escribieron Malvinas, la ilusión y la pérdida (Sudamericana), una novela sobre la historia de amor entre María Sáez  y Luis Vernet, últimos gobernadores argentinos en las islas.

En este abundante panorama literario destacan las novelas de Federico Lorenz, Montoneros o la ballena blanca ( Tusquets),y 2022, La guerra del gallo  (Talentura Libros). En la primera, la contraofensiva montonera de 1978 y la guerra de Malvinas son representadas en paralelo, como gestas militares preñadas de derrota. En la segunda, publicada en España a finales de 2011 y próxima a editarse acá, Juan Guinot pone como protagonista un ex no combatiente -por ser demasiado joven no pudo pelear en el Atlántico Sur- que se embarca en una desopilante carrera contra el imperialismo ingles. Una novela que ironiza sobre la megalomanía que llevó a nuestro país a uno de los eventos más crueles de su historia.

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