Un hijo se suma a los nietos

Esta vez, el nieto es su hijo. Después de 32 años de búsqueda, el secretario de Abuelas de Plaza de Mayo, Abel Madariaga, encontró al niño que le arrancaron a su esposa en cautiverio. El joven, apropiado por un capitán del Ejército que fue detenido el viernes, se acercó al organismo con una pesada mochila de dudas sobre su espalda. Los exámenes de ADN confirmaron su sospecha. En los primeros días de julio de 1977, su mamá, Silvia Quintela, lo dio a luz en la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Desde ese momento, primero desde el exilio y luego en la Argentina, su papá emprendió el difícil camino de la búsqueda, una tarea que se volvió colectiva cuando se sumó al equipo que preside Estela de Carlotto. Hoy al mediodía, Francisco Madariaga Quintela, Abel y las Abuelas darán la noticia frente a los medios.

“Y vos, ¿sabés quién sos?”. La pregunta, tan fuerte como efectiva, nació hace ya varios años entre los miembros de la Comisión de Difusión. Fue Abel Madariaga, un papá entre tantas abuelas, quien había dado el puntapié para armar un equipo que instalara en la sociedad la búsqueda de los bebés apropiados que, desde hacía años, encabezaba el organismo. Los niños, decía Abel, ya eran jóvenes e intentarían saber la verdad. Entre aquellos hombres estaba su hijo.

Hoy a las 12, Madariaga y sus frondosos bigotes estarán sentados al frente de la conferencia en la que Abuelas anunciará la localización de su nieto número 101. Esta vez, Abel será el protagonista. Podrá contar cuántas veces soñó con este momento. Cuántas veces buscó la mirada de su hijo en los ojos de algún joven que tocó el timbre para terminar con tanta mentira.

También relatará el secuestro de su mujer, embarazada de cuatro meses, aquel 17 de enero de 1977. Su exilio por Suecia y México, y su regreso repleto de esperanzas por reencontrar al niño que le quitaron.

El represor que se apropió de aquel bebé y lo crió como si fuera propio se llama Víctor Alejandro Gallo. Es capitán retirado del Ejército, fue carapintada y en 1997 fue condenado a prisión por los delitos de robo calificado y privación ilegal de la libertad por su participación en lo que se conoció como la Masacre de Benavídez, ocurrida en 1994. Desde el viernes, Gallo está nuevamente tras las rejas. Por otro robo, el de la identidad, delito al que sometió a Francisco durante los últimos 32 años.

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