La Resurreción de Heath Ledger

Aunque morir joven es una especie de costumbre en Hollywood, aún hoy es difícil acostumbrarse a la desaparición de Heath Ledger.
No sólo porque fue el enorme Guasón de El caballero de la noche, ni por sus premios –Oscar incluido– póstumos, sino porque era un buen actor, un pichón de estrella que murió justo al consagrarse. De allí que uno de los mayores atractivos –macabro quizá pero atractivo al fin– de El imaginario mundo del Dr. Parnassus sea su presencia –ahora sí, final– como protagonista.

Ledger pertenece a la nueva ola de actores estadounidenses, la que vino de Australia. En efecto, la mayoría de las grandes estrellas del cine actual nació –o se formó, como el neoyorquino Mel Gibson– en tierra de canguros: Nicole Kidman, Russell Crowe, Hugh Jackman, Naomi Watts, Guy Pearce, Eric Bana, Geoffrey Rush son algunos de los que cruzaron el charco gigante, de Sidney a California. Y Ledger, claro, que comenzó en la televisión oceánica. Después de poquísimos papeles en su tierra natal, alguien dijo que era el indicado para esa gran comedia romántica –y adaptación de Shakespeare– Diez cosas que odio de ti. Y el resto es historia con final glorioso y triste.

“La primera vez que lo vi –dijo al sitio australiano Darkhorizons el realizador Terry Gilliam– fue en Las cuatro plumas. Me dije: ‘Éste es un actor como los de antes, de la vieja cepa de Hollywood. Un clásico’. Y ¿cuántos años tenía entonces? ¿Veinte, veintiún años?”.

Gilliam tuvo el privilegio de dirigirlo antes y después del gran salto que significó Secreto en la montaña, el film que le dio a Ledger la primera nominación al Oscar. Primero fue en Los hermanos Grimm, fallido intento del realizador por volver a la senda del cuento de hadas que había transitado con Las aventuras del Barón Munchausen –y, en menor medida, en Los aventureros del tiempo y Jabberwocky– y donde Ledger coprotagonizaba junto a Matt Damon (más una villana Monica Bellucci). “En ese tiempo, estábamos rodando en Rumania –cuenta Gilliam– y fuimos con ambos a escuchar tocar a unos gitanos. Comimos antes y empezamos a charlar. Matt contó que tenía 33 años, y Heath nos sorprendió confesando que tenía 24, porque ambos pensábamos que tenía la misma edad que Damon. Había una especie de sabiduría en él que no es frecuente encontrar en los actores. Después de Grimm, lo quería en todas mis películas”.

Lo cual no fue fácil porque, como se dijo, después de Grimm apareció Secreto… y el icónico cowboy gay con que la prensa fatigó titulares. Pero Gilliam siguió insistiendo, hasta Parnassus. “Después de esa película, tuvo un año rarísimo. Odiaba la publicidad y quería volver a Australia a hacer películas chicas. Tenía que hacer el Guasón y por eso estuvo rodando en Londres. Ahí fue que nos encontramos y, por pura casualidad, leyó el guión de Parnassus. E inmediatamente me preguntó si podía ser el protagonista. ‘¿En serio?’, le pregunté. ‘En serio’, respondió. Y así fue. Tenía un talento tan grande que podía improvisar: es raro, porque nunca permito que el actor improvise. Pero él inventaba cosas todo el tiempo y yo no quería limitarlo. En Parnassus él volaba; era un verdadero camaleón porque, además, el personaje se lo permitía. De hecho, en cada toma nos sentábamos a mirar qué hacía, y siempre nos sorprendía. Le decía al equipo: ‘Déjenlo viajar, todo lo que hace es bueno’”.

Cuando el jueves se estrene en la Argentina El imaginario mundo del Dr. Parnassus, el espectador podrá calibrar hasta qué punto es cierto lo que dijo Gilliam. Le adelantamos que sí, que es verdad. Y que el cine perdió mucho más que un muchacho atractivo: perdió a un actor único, bueno hasta su último fotograma.

Ayudita de Depp, Law y Colin Farrell

Uno de los problemas que planteó la muerte de Heath Ledger fue resolver gran parte de las escenas de Parnassus, especialmente las que ocurren detrás de cierto espejo, en un mundo de fantasía que es parte central de la película. Para esas secuencias, el realizador contó con tres de sus amigos –también amigos del actor–: Johnny Depp (que había protagonizado para Gilliam Pánico y locura en Las Vegas e iba a ser el Quijote de la malograda adaptación que intentó el director), Jude Law y Colin Farrell.

Los tres interpretan el personaje de Ledger, Tony, “del otro lado del espejo”. Y el cachet de todos ellos fue donado a la pequeña hija del actor, Kate, nacida de su matrimonio con la actriz Michelle Williams. Curiosidades del medio: quien “cierra” la historia del personaje es Farrell, quien le “robó” a Ledger el protagónico de Alejandro Magno, film épico de Oliver Stone, en 2004.

3 thoughts on “La Resurreción de Heath Ledger

  1. yo ame a ese nombre y aun me sigue gustando pero creo que es la consecuencia de notener paz tenia muchas cosas en su cabeza por que se la paso en una dura separacion y mas por su hija matilde y en vez de caerse en la depresion quiso estaar ocupado pero no pudo cayo en estres y termino muy mal.
    ojala que el dia de mañana matilde se de cuenta cuan buen padre fue y que potente fue como actor

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