De Pumper Nic a Fudruckers: los restaurantes de nuestra infancia

¿Se acuerdan de los tachos de basura de Pumper Nic que nos invitaban a tirar los desperdicios, justamente, a través la boca de Nic, el paquidermo verde, amigable y sonriente, que nos miraba con su bocaza abierta y siempre dispuesto a tragar, tragar y seguir tragando?

Cuando en Costa Salguero cerró el último local de lo que había sido la primera cadena de restaurantes de comidas rápidas del país, algo de todos nosotros también murió en ese momento, dice el periodista Andrés Burgo en una nota para la revista Brando. Atrás habían quedado las épocas gloriosas de Pumper, que tuvo hasta 70 sucursales, llegó a facturar 60 millones de dólares por año y nos hizo familiarizar con esas raras palabras nuevas como frenys (papas fritas), chiknic (hamburguesa de pollo) y mobur (hamburguesa con huevo). Eran, además, particularmente queribles las empleadas que vestían estética americana ochentosa, al estilo cow boy, que tenían un micrófono al lado de la caja y pedían con voz de azafatas/locutoras de radio: “Coca, Pumper junior, Frenys, Luna llena”.

Un año después, en 2000, la recesión le dio otro golpe a la comida rápida y, por qué no, también al final de la adolescencia de una generación. Fue cuando cerró Wendy’s, la cadena que había llegado desde Estados Unidos en 1996 y en poco tiempo desperdigó 35 locales. Es cierto que, a diferencia de Pumper, lo de Wendy’s fue algo menos arraigado y más noventoso (con todo lo que política e ideológicamente implica). O, dicho de otra manera, nunca pasó de ser una moda frugal, imposible de comparar con el sentido de pertenencia que había despertado en nosotros el hipopótamo verde. Algo parecido a lo de Wendy’s sucedió con Che Burguer (recordar uno de sus locales, en Santa Fe y Scalabrini Ortiz) y Fudruckers(en Santa Fe y Riobamba), que nacieron y murieron tan rápido que ya ni sabemos si realmente existieron.

Otro restaurante americano que marcó los 80 fue The Embers, que multiplicó varias sucursales en Capital Federal y zona Norte, y que ahora sólo subsiste en un aislado local de San Isidro. Igual, sus gloriosos aros de cebolla aún valen una visita al único sobreviviente, allá por Libertador al 14.600. En cuanto a las pizzerías, un rápido requiem para Domino’s y Pizza Hut , que nos abandonaron en 1998 sin haber conquistado nuestra simpatía.

Pero no todo eran franquicias norteamericanas. Al menos no lo era La Lecherísima, una suerte de restaurante lácteo a cargo de, obviamente, La Serenísima. Eran años alfonsinistas, en los que se podía tomar Tab y Mountain Dew, y quel local emblemático de lo argentino quedaba en avenida Santa Fe: no estaría mal inventar la máquina del tiempo sólo para volver a comer una de esas baguetes de jamón crudo, queso, tomate y manteca que el chef hacía a la vista de todos.

Algunos también pagarían por el regreso de Yogurt Time, un negocio de yogurt helado que apenas duró un verano o de Di Pappo D´oro, aquel restaurante uruguayo que vendía por metro las porciones de muzzarella y que se caracterizaba por sus simpáticas banderitas en los sándwiches; o de Cookies, una galletitería en Ayacucho y Santa Fe que tenía decenas de gustos (avena, chocolate, frutilla y mil más); o de Ratatouille, el primer restaurante vegetariano del centro; o de Pumper, claro, pese a que hayamos atragantado al pobre Nic.

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Por qué en la Argentina se toman 38 viagras por minuto

Se vende en las farmacias, en los quioscos, por delivery telefónico, a través de Internet y hasta en estaciones de servicio y boliches nocturnos. La compran hombres de todas las edades, incluso adolescentes, y también mujeres. De color azul en su presentación más popular, es una pastilla que todo el mundo quiere tomar. A punto tal que las cifras oficiales indican que se venden, en promedio, 38 comprimidos por minuto. Lo que equivale a más de 54.000 por día, casi dos millones por mes y 20 millones por año, casi tanto como la aspirina. Pero si a esos números se les agregan las ventas no oficiales (todos los sitios no habilitados para comercializar medicamentos), los promedios se elevan hasta resultar en que cada argentino, hombre, mujer o niño, toma al menos una vez por año uno de esos comprimidos. Se trata de las drogas sildenafil, tadalafilo y vardenafil, indicadas para tratar la disfunción eréctil y que se conocen bajo el nombre genérico de Viagra, la marca que lanzó el primero de esos productos al mercado internacional. No se acabó el mundo, como predecía el viejo adagio, pero sin duda todo el mundo se dedica a cumplimentar la primera parte del dicho popular: a tener sexo. Químico, pero sexo al fin.

“La gente quiere tener buen sexo, siempre quiso, por eso los laboratorios de drogas de diseño empezaron a desarrollar productos para ofrecerle. Y es inevitable que los pidan, a la gente y a los médicos nos resulta más fácil hablar de una pastilla que de la sexualidad. Si me consulta un señor de 70 años porque quiere hacer el amor pero no puede, ¿le voy a hablar de su papá y de su mamá? Si no tiene contraindicaciones y yo tengo la pastilla en la punta de la lapicera, es la solución”, considera el médico y sexólogo León Gindín. También profesor titular de sexualidad y salud en la Universidad Abierta Interamericana, señaló en la conversación con Veintitrés que el universo de pacientes posibles se conforma con “todos o ninguno. Están las personas que tienen problemas orgánicos, las que resultan difíciles de tratar con psicoterapia, y las que lo piden directamente porque con la información que hay disponible, ya saben de qué se trata. Y si no hay razones médicas, ¿por qué negarlo? Con estas drogas hay un universo de gente más feliz”.

Si de felicidad se trata, su colega Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, guarda entre sus recuerdos más emotivos el de un paciente que atendió en el Hospital Durand: “Después de mucho tiempo volvió a verme y me dijo: ‘Doctor, estoy tan agradecido que no sé cómo demostrarlo. Gracias a usted tengo esto’, y me extendió un celular. No entendía qué tenía que ver una cosa con otra, hasta que lo abrió y mientras me mostraba la foto de un bebé, me aclaró: ‘Yo no podía tener relaciones sexuales, me sentía inseguro y gracias a usted pude tener un hijo’. ¡Me agarró una emoción! Fue el mejor regalo que pudo hacerme”.

La consulta con Sapetti, autor de Confesiones íntimas (Ediciones B), se divide en 60 por ciento de hombres y 40 de mujeres. De los hombres, el 25 por ciento tiene menos de 25 años y acude porque “se sienten inseguros ante el acto sexual, tomaron medicamentos pero no lograron la erección, o empezaron a tomar alguna droga por diversión o porque creían que la necesitaban y ahora no pueden dejarla”. De las mujeres, “el 70 por ciento consulta por algún problema propio y el 30 restante por alguna cuestión del hombre que tiene al lado o de la pareja”.

Es que las disfunciones sexuales van más allá de la falta de erección, y para cada problema hay una solución (ver aparte). Coincide Sapetti en que se vive la era del sexo químico, pero no sólo sexo sino “hombres y mujeres químicos. Hay píldoras para la angustia, para la desolación, para cuando se está muy abajo o muy arriba, para dormir… Para los varones hay remedios para la erección, para durar más y para aumentar el deseo. Se viene una vida de cuatro píldoras por día para estar excitado, deseante, erecto y orgásmico”.

Mandatos sociales que inevitablemente se asocian al éxito, al igual que el bienestar económico, y deben cumplirse a rajatabla para encontrar un lugar en el mundo. “Tomé la pastilla. Estuvimos juntos unas dos horas. Durante la primera no tuve erección, después por razones desconocidas lo logré e intenté penetrarla, pero eyaculé enseguida”, especifica uno de los relatos que conforman el último libro de Sapetti, testimonio de un varón de 38 años que llegó virgen a la consulta. Y continúa: “En el tercer encuentro tomé el comprimido y al principio, pasó lo mismo. Pero después conseguí dos erecciones. Fue la mejor relación sexual, estuvo bueno. Quiero evitar tener que dar explicaciones en la cama y disfrutar de una sexualidad plena, porque hay una parte que me estoy perdiendo”.

Otras frases que reflejan cómo estas drogas le cambian la vida a mucha gente y que recuerda Sapetti, miembro de la Academia Internacional de Sexología Médica, tienen componentes humorísticos, como “ah, volver a los 17 después de vivir medio siglo” y “he vuelto a sentir que tengo un pene”. “Es gente que pudo comenzar a gozar de cosas que le estaban vedadas. Diabéticos, con lesiones medulares, grandes fumadores”, señala el médico, especialista en psiquiatría. Y admite que hay un uso medicinal y otro recreacional: “En los diarios se ofrece delivery telefónico, me han contado que pedían cuatro comprimidos y les llevaban un blíster de diez al que le faltaban los otros seis, seguramente los vendieron sueltos. Recuerdo un caso de un colega del exterior, un hombre que le pagaba al peluquero con sildenafil. Por Internet me preguntan si se puede mezclar con alcohol, cocaína, marihuana o Popper. Los que no lo necesitan lo toman por divertimento, por rendir más, algunos por inseguridad, otros porque la mina avanza y tienen que quedar bien. Y porque los demás usan y si él no, queda como un nabo. Creo que si alguna vez se quiere tener una superfiesta está bien, pero todos los días no es aconsejable”.

Tanto es el uso recreacional, que en una reciente encuesta realizada por la Escuela de Farmacia de la Universidad Maimónides que dirige Marcelo Peretta, los resultados muestran que tres de cada diez compradores de alguno de los “viagras” son menores de 21 años, lo que representa un aumento en ese grupo etario de un 50 por ciento en los últimos tres años. En ese mismo lapso, el sildenafil ascendió del puesto 75 al número 22 en la lista de los medicamentos más vendidos en el país. Doctor en farmacia y bioquímica por la UBA y secretario del consejo del Colegio de Farmacéuticos, Peretta consideró que la cifra de ventas “es brutal, aunque es muy característico de los argentinos pasar de negar algo a no poder salir sin ese algo. Los jóvenes llevan la pastilla por si acaso sin considerar las consecuencias, entre ellas la dependencia psicológica”.

–¿Cómo la consiguen, si en teoría se vende bajo receta? –le preguntó Veintitrés.

–Otra cifra brutal es que el 12 por ciento del total de las tres drogas indicadas para la disfunción eréctil es falsificado. El martes se incautaron en la Aduana 400 mil pastillas. Faltan políticas farmacéuticas que impidan esa situación. Estas drogas deben producirse en laboratorio, venderse en droguería y en farmacia con receta. En la práctica se venden sin receta, y está mal, pero el problema es que aparecen más afuera de las farmacias que adentro. Se venden por Internet, en boliches y sitios nocturnos. Ahí es donde se nota la falta de políticas que restauren un control y un circuito que garantice la compra con indicación médica y de una pastilla que no sea, en el mejor de los casos, harina pintada de azul.

Es el tercer consultado que menciona los lugares de diversión nocturna como fuente proveedora de “viagras” para los jóvenes, entre otras. Por eso no resulta casual que los cuatro jóvenes detenidos por la policía de Villa Gesell en la entrada del boliche Pueblo Límite tuvieran 85 cápsulas de brolanfetamina, una droga de diseño que combina efedrina y bromo, también conocida como DOB (Day of Birthday, día de cumpleaños), ya que quienes la consumen señalan que es como volver a nacer. Alucinógenos y potenciadores sexuales forman un combo tentador para cualquier adolescente o joven que pretenda vivir una experiencia diferente. Y le evitan el temor a fracasar ante las evidentes y crecientes evaluaciones y exigencias femeninas.

“Vivimos en una sociedad anestesiada –comentó Peretta–. El uso indiscriminado de los ‘viagras’ se ve como una curiosidad y los jóvenes lo toman como chiste. No hay una política educativa en el nivel secundario advirtiendo que no es para jóvenes, ni un trabajo conjunto de médicos, laboratorios y farmacias para restringir el uso. Los que ganan son los laboratorios, que tienen una facturación millonaria.” El precio por comprimido de las marcas más conocidas (Viagra, Cialis y Levitra) va de los 21 a los 29 pesos y tomando el valor más bajo se puede estimar una facturación anual cercana a los 500 millones de pesos. Claro que hay laboratorios que venden el sildenafil a un costo accesible para todos: el masticable más económico cuesta 5,46 pesos y garantiza, en la mayoría de los casos, unas horas de sexo a pleno.

En algún momento de los últimos años reconocieron tomar algún Viagra: Carlos Menem, Julio Iglesias –quien confesó ante siete mil personas en Bolivia que necesita la pastilla azul– y Guillermo Coppola, que incluso admitió que se lo pedía su pareja. Pelé fue la cara de publicidades que alentaban a visitar al médico en caso de una disfunción eréctil y hablaba de los beneficios del Viagra. Consultado por Veintitrés, Cacho Castaña señaló que su frase “Por las dudas, lo tengo en la mesita de luz”, que publicó la revista Semana, “fue para joder. Por ahora no lo necesito, pero no tendría ningún problema en usarlo”; mientras que Rolando Hanglin admitió: “Lo probé y es extraordinario. Lo consumo todas las veces que me haga falta. Los muchachos de 20 años lo usan porque les asegura una buena performance, cuando no están tan seguros, porque bebieron, porque están nerviosos y mil factores más. Y los que no tenemos 20 años , por lo mismo. A cierta edad las cosas no son tan firmes como antes”.

“El tadalafilo es la droga recreacional del fin de semana de las parejas, porque en esos días tienen sexo, entonces el tipo la toma el viernes a la noche y le dura hasta el domingo al mediodía, el domingo a la noche no cuenta porque el lunes hay que trabajar”, cuenta con desenfado León Gindín, autor de autor de La nueva sexualidad de la mujer y ep, eyaculación precoz, entre otros. Para ese problema, la eyaculación precoz, el médico señala que ya hay un nuevo fármaco aprobado en España, basado en la droga dapoxetina (Priligy), “un antidepresivo de efecto breve. Pero ¿qué hace el hombre cuando deja de tomarlo? Es probable que a la industria le convenga que el sujeto tenga que tomarlo siempre. Lo mismo sucede con el sildenafil como droga recreativa: se puede indicar a un joven que va a enfrentar su primera relación con una mina que lo vuelve loco y tiene miedo, pero si lo toma siempre, va a tener dependencia psicológica”.

–La primera vez es un momento de estrés, pero también un aprendizaje de la vida y muchos pasamos por eso sin pastillas…

–Los chicos buscan seguridad, no es criticable. En general, la toman sólo en situaciones que consideran especiales y la abandonan cuando entablan una relación estable y se dan cuenta de que no la necesitan. Si se repite cada vez que salen con una mina, entonces requiere ayuda psicológica.
Para Gindín, además de las disfunciones sexuales, también encuadran en el uso de fármacos “los problemas de pareja. Con la edad, o por la interacción de otros remedios, bajan las hormonas sexuales y hay menos interés. Por ahí la mujer prefiere ir a ver a los nietos que pasar una hora con el marido de hace 40 años, y a veces, el hombre quiere a la gorda que era flaca a cualquier precio, pero no se calienta. Subiéndole un poquito las hormonas a quien lo necesite, se lo ayuda”.

Entre esas drogas que pueden ocasionar la disminución de hormonas sexuales, el médico menciona el finasteride, muy usada en los remedios para calvicie. Y algunos anticonceptivos que, en la letra pequeñísima de los prospectos, indican “baja la libido”.

El mundo del deseo es lo nuevo en el universo sexual dominado por la química. Los laboratorios, quizá motivados por la primera pregunta de las mujeres al enterarse de la existencia de los “viagras” (“¿Y para nosotras qué hay?”), tienen en fase de prueba una nueva droga, flibanserine, que ya se promociona como “el viagra femenino”. Hasta ahora, las féminas pueden apelar al sildenafil, que actúa en los trastornos de excitación, como sequedad vaginal o dolor en el coito, o a la arginina, un aminoácido de aplicación tópica local y venta libre, que mejora la respuesta orgásmica.

Tal como sucedió con el preservativo, que de ser un elemento que generaba pudor pedirlo pasó a ser casi cotidiano para hombres y mujeres que hasta eligen sabores y colores, está cambiando el perfil de comprador del sildenafil, copias y derivados. “La mujer que disfrutó y se enteró que su pareja usaba viagra, lo compra para un tercero o para tener por si lo necesita o quiere repetir una experiencia. Ya las chicas llevan preservativos en sus bolsos, y resulta razonable que lo hagan; con esto quieren garantizar una erección sostenida y sin eyaculación precoz en sus parejas. Es una revolución no sólo sexual sino de conductas”, opinó Marcelo Peretta.

Coincide Sapetti: “No sé si lo llevan en la cartera, pero hay mujeres que les piden a los hombres que lo usen; sí llevan vibradores o consoladores porque se excitan más y alcanzan múltiples orgasmos. Son cosas nuevas que a veces intimidan al hombre. Hay un nuevo lugar de la mujer, que avanza sobre el hombre; por ejemplo por chat, invitan a salir, a bailar o a tener sexo directamente. Hay hombres que reculan y otros que si no tienen algún ‘viagra’ se desesperan y prefieren no aceptar”.

El nuevo lugar de la mujer en el mundo del sexo debe ser una de las razones por las que, según Gindín, “disminuyó considerablemente la consulta por falta de orgasmo, ahora quieren solucionar la falta de deseo”. En su consultorio atiende más hombres que mujeres, y entre los hombres, los jóvenes de hasta 30 años consultan por eyaculación precoz, mientras que los mayores de esa edad refieren disfunción eréctil, en muchos casos ocasionada por diabetes, hipertensión u otras enfermedades. También casos especiales, como un chico de 24 años que pedía “algo para anular las poluciones nocturnas. No había tenido relaciones ni se había masturbado por cuestiones religiosas. No aceptaba intentar con sexo ni con masturbación. Era fóbico, no había tenido contacto con las mujeres, vivía solo y se escudaba en sus creencias. Finalmente aceptó tratamiento psiquiátrico y medicación”. El sexólogo no olvida las parejas que integran el grupo de matrimonios no consumados: se aman, se casan, tienen sexo pero sin penetración, ya sea por vaginismo o fobias. “Desarrollé un método intensivo con sesiones de ocho o diez horas luego de las que los pacientes se van a copular. En un mes resuelven el tema y el porcentaje de éxito es fabuloso, mientras que en los tratamientos tradicionales y largos los resultados son inciertos porque hay mucha deserción, la gente no aguanta que le digamos qué y cómo tiene que hacer para conseguir una relación sexual con penetración”, confía.

–¿Qué viene en el mundo del sexo químico? –le preguntó Veintitrés.

–Un montón de drogas más, el negocio ha demostrado ser redituable. Por un lado, inhibidores de rhokinasa que actúan de forma diferente al sildenafil para lograr la erección. Pero lo más llamativo es lo que se denomina cambio de genes de envejecimiento peneano. La mayoría de los problemas de erección obedecen a un envejecimiento del pene. Hay un médico argentino que investiga en la Universidad de Los Angeles y en ratones, ya consiguieron penes jóvenes en animales viejos.

–¿Cómo se logra?

–Por mutación genética. Parece un futuro de ciencia ficción pero lo vamos a ver concretado en poco tiempo.

El fotógrafo se entusiasma, advierte a la cronista que se cuide y esta promete no abrazar tanto ni tan seguido. Pero en una sociedad que recibe publicidad incontable de cuerpos que se contonean, de pieles que se muestran sudorosas y tomas más que sugerentes que remiten a sexo como sea, parece una promesa vana.

La Argentina masoca

La frase volvió a escucharse en las últimas semanas. “Ojalá se vaya esta yegua.” No hace falta especificar demasiado: el uso ofensivo del animal refiere a la presidenta Cristina Fernández. El disparador esta vez fue el conflicto entre el gobierno y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, fogoneado por una oposición política y ciertos sectores de la sociedad que parecieran regodearse con el camino al fracaso. Para (casi) todos.

Ya pasó tiempo atrás: la mayoría de los argentinos festejó el bombardeo del ’55, acompañó el golpe del ’76 con gritos de gol incluidos, entregó oro y comida porque “las Malvinas son argentinas”, aplaudió la presión económica que llevó a la entrega anticipada del gobierno de Raúl Alfonsín, festejó las privatizaciones de Carlos Menem, marchó en diciembre de 2001 hacia Plaza de Mayo y caceroleó en Barrio Norte por la pobre Sociedad Rural. ¿Casualidad o puro masoquismo local?

“Golpe blando”, sentencia el teólogo Rubén Dri. Y explica: “Como lo describió el politólogo norteamericano Gene Sharpe, esos procesos destituyentes se caracterizan por la deslegitimación, el calentamiento de la calle, las fracturas políticas. La defensa de las instituciones y su calidad constituyen muletillas de quienes no pierden oportunidad, porque toda ocasión es buena para un brindis, para desgastar al gobierno y su capacidad de llevar adelante la gestión para la que fue elegido. En ese caso, se apuesta al conflicto respondiendo a los intereses personales y no a los colectivos. Hoy en día, (Julio) Cobos y Redrado son los exponentes máximos de quienes hacen de la traición y la hipocresía una virtud. Como lo insinuaron Grondona y Biolcati en amigable conversación, Cobos está allí esperando que la manzana le caiga en las manos, mientras la oposición sacude el manzano con todas sus fuerzas”.

Ni siquiera en tiempos como el 2010 que, en la mayoría de las previsiones, se avizoraba con recuperación económica, superávit fiscal y comercial y redistribución del ingreso con la asignación universal por hijo a la cabeza, los argentinos nos entregamos al disfrute de las buenas perspectivas. Una idiosincracia que, para el historiador Pacho O’Donnell, tiene su raíz histórica en “la base del dilema sarmientito, de civilización o barbarie, donde la civilización era el ideal europeo y la barbarie, las provincias, los gauchos, los federales, los caudillos, las tradiciones criollas, lo propio. Esa cuestión, el construirnos al revés, hace que sintamos lo ajeno como mejor de lo propio y nos autodenigremos”.

El psicoanalista Enrique Carpintero, en cambio, lo ilustra de otro modo: “Sin ir tan lejos en el tiempo, en los ’90 el afianzamiento de la globalización capitalista generó una cultura basada en el individualismo que no encontró alternativa de cambio. Es conocido el ego de los argentinos en el mundo pero no debemos entender el fracaso de nuestra estabilidad como sociedad sólo por cuestiones internas sino ante la complejidad de un mundo globalizado. En griego, individualismo se llama idiocia, lo cual nos lleva a que uno de los problemas sea la importancia que tuvo la subjetividad del idiota al que sólo le interesa el mezquino interés privado. El idiota, hoy en día, desconoce al otro y los valores de solidaridad, y eso hace que amenace con llevar la catástrofe a todo el mundo. Es aquí donde encontramos el fracaso de una cultura globalizada que no responde a nuestras necesidades e intereses”.

La historia de los países tiene sus particularidades. Y la nuestra no es la excepción: crisis cíclicas, festejadas por amplios sectores sociales y un alto grado de desacople en las consecuencias. ¿Ausencia de culpa o autocrítica nula? “Abundante clase media”, ironiza Dri. “Un abanico social que, en general, no se hizo ni se hace cargo de sus actos –continúa–, porque la culpa la tiene el otro, como canta Larralde.”

“No bien el único proyecto de país se redujo a que nadie te joda, un horizonte descomprometido y genocida se abrió paso en la sociedad argentina”, analiza el historiador Alejandro Horowicz. Y agrega: “El responsable final de las conjuras es el gobierno nacional mientras todos buscan seguir siendo indefinidamente adolescentes, carentes de la menor responsabilidad. El 2001 mitigó durante una fracción de segundo histórico esa pobrísima perspectiva, pero no bien el 3 a 1 se estabilizó, cada cual volvió a sus asuntos. Con la reaparición del conflicto social –la resolución 125 trajo a la superficie los sedimentos más miserables y constitutivos de una sociedad que no repensó nada– los temores revivieron movilizados por el nuevo horizonte de crisis. Y una vez más quedó claro que los responsables de la dictadura terrorista no eran sólo tres comandantes militares, sino la compacta mayoría que, implícita o explícitamente, militó bajo las banderas del ‘por algo será’”.

Una elección, al menos, curiosa si se tiene en cuenta que la desdicha, lejos de ser ajena, resulta compartida. Y deshilacha todo intento de integración social. “Pero el establishment nunca reconoce las políticas que buscan mejorar la situación social”, comenta Jorge Elbaum, profesor de Sociología y Comunicación Política. Y remata: “Aunque también implica un déficit político y comunicacional de quienes buscan transformar la realidad, como sucedió en los primeros años del kirchnerismo, porque entienden al pesimismo como una ‘esencia’, algo inserto en la sociedad. Y esto no es así: el sabotaje político es simplemente enarbolado por aquellos que perderían el tren de su proyecto. Como sucede con el neoliberalismo y los conservadores hoy, que sienten que está en juego su propia supervivencia futura y cuando se trata de proyectos en conflicto, el fracaso del otro suele verse como triunfo propio”.

Y eso que estamos en el año del Bicentenario. ¿Habremos madurado?

JACK JOHNSON – GOOD PEOPLE

Tú ganas, es tu show ahora
¿como será?
Porqué la gente lo sintonizará
¿cuantos choques de trenes necesitamos ver?
Antes de que perdamos el contacto…
nosotros pensamos que era leve…
Pero parece que se esta poniendo peor.

¿Donde se fue toda la gente buena?
He cambiado los canales
pero no los veo en los programas de televisión
¿Donde se fue toda la gente buena?
  Tenemos pilas y pilas de lo que vimos…

Ellos tienen esto y aquello, golpean puertas
encuestando a uno o dos hombres ¿Ahora que haran?
Malas noticias, despilfarros, tienes mucho que perder.
Decidme la verdad… ¿ahora de que lado estamos?
Cualquier cosa que digas
“pone el boob tube”
Estoy de humor para obedecer.
Entonces llévame por el mal camino, ahora

¿Donde se fue toda la gente buena?
He cambiado los canales
pero no los veo en los programas de televisión
¿Donde se fue toda la gente buena?
Tenemos pilas y pilas de lo que vimos…

Sentado sintiéndome lejos
Tan lejos que puedo ver los escombros  ¿Puedes sentirlo?
Me Interrumpes una conversación amistosa
para decirme lo increíble que va a ser todo
Seguramente notes cierta vacilación
porque lo que es importante para ti, no lo es tanto para mi.
Ya llegaron al extremo tus razones.
Se puede comenzar a ver y todo lo que realmente quiero saber es

¿Donde se fue toda la gente buena?
He cambiado los canales
pero no los veo en los programas de televisión
¿Donde se fue toda la gente buena?
Tenemos pilas y pilas de lo que vimos…

Ellos tienen esto y aquello, golpean puertas
encuestando a uno o dos hombres ¿Ahora que harán?
Malas noticias, despilfarros, decidme la verdad…
Tienes mucho que perder
De que lado estamos hoy, de todas formas
OK, lo que digas.
Equivocado y decidido pero de humor para obedecer,
Canal por canal desensibilizando la nación
¿Dónde se fue toda la gente buena?

EN MI MEMORIA EL FITITO

Las chicas que se corrieron para atras, dios ...como olvidar!

 

Qué argentino no viajó alguna vez en este auto? ¿Quién no intentó la hazaña de querer hacer dunga-dunga adentro de esta miniatura? Para todos aquellos que han vivido alguna aventura en esta limusina tercermundista, les regalamos este fabuloso recuerdo.

Playa Franka

En 1994, la vedette quiso mostrar su trasgresión y se le ocurrió hacer un balneario en Mar del Plata donde estuviera permitido hacer topless. ¿Se acuerdan? Moria Casán puso a trabajar a su entonces marido Luis Vadalá, y abrieron Playa Franka. En la inauguración la vedette fue la encargaba de cortarle el corpiño a todas las supuestas estrellas del verano.