Las parejas que surgen en Internet duran más

Nota: Virginia Gallardo

Nota: Virginia Gallardo

Hace días en una tienda de ropa española ví a un chico que había seguido a una chica desde la calle hasta el perchero de vestidos para pedirle el número de teléfono. Ella se reía, le pidió el suyo y le dijo que ella llamaría. El cuadro parecía salido de la prehistoria, cuando no existían las redes sociales ni Tinder ni Wasapp para contactarse con alguien. Hoy habiendo tantos recursos tecnológicos, gestos como éstos dan lugar a sospechas, digo, si alguien te sigue en la calle enseguida pensás que es para robarte la cartera o el celular. Quizá sea ésa una de las tantas razones por las cuales media humanidad heterosexual y homosexual se relaciona, primero virtualmente y personalmente después, y eso que al principio despertaba temor entre los ortodoxos del face to face.

Cuestión es que está demostrado las relaciones que surgen de Internet son las menos efímeras y  veces hasta las más seguras, siempre que uno tome los recaudos. La industria de los portales de encuentros crece a un ritmo de casi 10% anual, y en los Estados Unidos se cree que entre el 17 y el 35% de matrimonios surgieron de Internet. Otro estudio de la Universidad de Chicago realizado entre 19.000 parejas, sostiene se advierten menos rupturas que entre las parejas tradicionales (un 6% frente a un 7,6%). Sin embargo, tengo amigas que recurren a los portales y hasta ahora no han logrado más que un poco de sexo casual, pero bueno, estamos hablando de gente con recorrido sentimental y que ya no se conforma con nada. Algunas arguementan que no cierran nada serio porque muchos hombres mienten la edad o usan fotografias viejas, que reciben visitas de perfiles alejados de la búsqueda y dudosos, y que hay mucha histeria también ahí.

En fin. Para los que seguimos “vírgenes” de citas virtuales, debería ser una de las máximas de este año: probar.

 

Comunicación gratis: la apuesta de Facebook al comprar WhatsApp

Zuckerberg-CEO-Facebook-WhatsApp-REUTERS_CLAIMA20140221_0070_17La decisión de Facebook de destinar –en efectivo y acciones– un total de us$ 19.000 millones para quedarse con WhatsApp, uno de los mensajeros instantáneos para celulares más usados del mundo, muestra que la compañía de Mark Zuckerberg cree que es una buena idea apostar fuerte (tanto como un 8 % del valor de su empresa) por las comunicaciones interpersonales cuyo costo, para el usuario, tiende a cero.

WhatsApp les cobra a sus usuarios –si lo hace alguna vez– un dólar anual por todo concepto; y lo hace después de haberles dado la posibilidad de probar gratis la aplicación durante un año. Es cierto que los usuarios de este tipo de mensajeros deben afrontar los gastos por el uso de Internet –la red por la que viajan los mensajes–, pero ese costo se diluye en planes de datos con precio fijo, sea los que ofrecen las operadoras celulares o los fijos hogareños (es moneda corriente usar mensajeros vía Wi-Fi). Usar WhatsApp o sus similares tiene un costo bajísimo y existe la percepción generalizada de que son gratis e ilimitados.

Para completar la lista de sus virtudes, WhatsApp no muestra publicidad. Y Brian Acton, uno de sus fundadores, puso en negro sobre blanco en el blog oficial de la firma que eso seguiría siendo así. Y fue más allá. Sobre la continuidad del servicio, ahora en manos de Facebook, escribió: “Aquí está lo que cambiará para ustedes, nuestros usuarios: nada”.

Si esto se cumple, lo dicho, Facebook puso US$ 19.000 millones para que el mundo se siga comunicando gratis.

Las víctimas de la movida, ya dicen los analistas, a corto o largo plazo son las telefónicas, que durante años han hecho de los SMS un negocio de inmensas dimensiones. Los expertos señalan que por dar ese servicio los costos son extremadamente bajos. Se llega a decir que lo que se cobra por los mensajes de texto es casi todo ganancia. “El SMS es lo más parecido al beneficio puro que jamás se haya inventado”, puede leerse en The Guardian, en una cita repetidamente atribuida Chris Gent, ex director general de la operadora celular británica Vodafone.

Farhad Manjoo, repasa en The New York Times que en los Estados Unidos ante el auge de WhatsApp y otros servicios de mensajería instantánea las operadoras móviles bajaron los precios de los SMS y varias ya ofrecen mensajes de texto ilimitados con sus planes básicos. Mientras que un estudio de Informa Telecoms & Media estimaba para 2018 una caída de las ganancias de las operadoras por SMS de más de un 20 % en relación a 2013.

Algo análogo ocurrió con las llamadas de larga distancia cuando aparecieron alternativas como Skype. ¿Seguirán las llamadas locales?

En la era HD, los videojuegos simples son los más populares

Nota: Chiche

Nota: Chiche

El tramo final del año pasado estuvo cargado de novedades. Los televisores 4K –con cuatro veces más resolución que el HD–, la PlayStation 4 y el GTA V –para muchos el mejor videojuego de la historia–, marcaron la evolución en entretenimiento. Pero las conversaciones en el trabajo, las mesas familiares y las reuniones de amigos fueron por otro lado.

El hit del verano es Flappy Bird, una app que en pocas semanas logró 50 millones de descargas con una premisa tan retro como el histórico Pong: hacer volar a un pajarito entre tubos verdes. Simple, gratuito y súper adictivo. Esa es la fórmula del mercado móvil, que el año pasado generó 16.000 millones de dólares y se apoya en una mayoría de la población que nunca había usado videojuegos. El nuevo gamer es ocasional: dedica breves lapsos a juegos con una curva de aprendizaje baja y de satisfacción rápida.

Las cifras del fenómeno son contundentes. Angry Birds, creado en 2009, es uno de los mayores exponentes. Ya superó las 2.000 millones de descargas y tiene 200 millones de usuarios activos al mes. Es tan popular que hasta tiene su propio parque de diversiones en Finlandia, el país de Rovio, la firma creadora. Candy Crush, que arrancó como aplicación de Facebook pero que rápidamente fue adaptado para celulares y tablets, tiene 500 millones de descargas desde su aparición en 2012.

Unos 124 millones de usuarios lo juegan diariamente. Los números toman otra relevancia cuando se comparan con videojuegos tradicionales de consolas o PC, más complejos en cuanto a trama y potentes a nivel gráfico. El Grand Theft Auto V, que salió en septiembre de 2013 y costó 270 millones de dólares, más que la película Avatar, vendió cerca de 32 millones de copias.

Esta suerte de vuelta a los ‘80 a nivel “gaming” se debe a la masificación de tablets y smartphones, pero también a un cambio cultural asociado a la vida en las ciudades. “El 90% de la gente estaba afuera de los juegos. Hoy cualquiera tiene potencialmente una consola en el bolsillo y se abrió el mercado a personas como mi vieja”, aseguró Max Mantegna, desarrollador de OKAM Studio. En la misma línea, Diego Ruiz, fundador de Dedalord Games, sostuvo que la industria se “adaptó a los tiempos que corren”. “La velocidad con la que se consume entretenimiento es mayor y las empresas lo entendieron. Los tuits son de 140 caracteres. Todo está abreviado”, explicó.

La búsqueda de gratificación en un tiempo cada vez más corto es una de las características distintivas de esta época, según los especialistas, y los mecanismos usados para entretenerse son un reflejo de esa necesidad. “Los usuarios ocasionales juegan para resolver un momento de tensión medianamente angustioso, como la espera del médico, por ejemplo, y la satisfacción inmediata ayuda a generar un patrón de consumo repetido”, dijo Verónica Mora, de la Asociación de Psiquiatras Argentinos.

Según la psicóloga Diana Sahovaler de Litvinoff, autora del libro “El sujeto escondido en la realidad virtual”, la estética es clave para lograr el objetivo: “En épocas de mucha exigencia se necesitan válvulas de escape y poner la pulsión en algo que no te exija más que hacer puntos. La imagen, la música y el nivel de colorido de estas aplicaciones mete a la persona en una fantasía de la infancia, cuando no se puede soportar el estímulo constante de la realidad”.

Andrés Chilkowski, Game Developer y CEO de NGD Studios, reivindicó la importancia de los juegos “hardcore”, que a 60 dólares cada copia siguen creando millones para la industria. Pero también destacó que las nuevas plataformas inventaron otro mercado a través de las aplicaciones gratuitas con modelos de monetización “freemium”. “Son gratis, pero podés pagar para avanzar más rápido”, explicó.

“Fáciles de aprender y difíciles de dominar” es la frase que repiten los programadores a la hora de explicar el ADN de los juegos móviles más exitosos que, como en los ‘80, hacen furor con poco.

“Rarezas masculinas”: prácticas sexuales que las mujeres no logramos entender

Nota: Chiche

Nota: Chiche

Si en materia amorosa las mujeres quieren saber qué pasa por la cabeza de los hombres, ni hablar cuando pretenden entender las fantasías o prácticas sexuales más cercanas al universo masculino que al femenino. Es posible que las respuestas típicas calmen inquietudes: “ellos son más sexuales”, “la testosterona les da el impulso que a nosotras nos falta”, “tienen más labia y menos vergüenza que nosotras”, etc. Todas estas explicaciones tienen algo de verdad y algo de mito.

No es bueno que el hombre esté solo

Los hombres están aprendiendo, a fuerza de liberarse del peso de la virilidad como patrón de género (vigor, pene erecto, ser proveedores, jactancia con el grupo de pares, etc.), a estar más relajados y a compartir las responsabilidades sexuales. Sin embargo, existen hombres anclados en la satisfacción autoerótica, buscadores de estímulos para satisfacer sus deseos más profundos y, por lo tanto, más personales.

En algunos casos son fantasías que necesitan imperiosamente ser puestas en palabras. Otras veces son objetos: películas porno, juguetes sexuales, disfraces, vestirse con ropa interior del sexo opuesto, o bien, entrar en calor previamente con contactos virtuales. En todos estos casos se pierde la función de incentivar el placer mutuo. La característica fundamental es la unión del sujeto al objeto estimulante, lo cual impide una conexión más intensa y real con la persona amada.

A las parejas de estos varones les resulta difícil entender el por qué de estas conductas solitarias o por qué, durante la relación sexual, es imprescindible que esté presente el objeto en cuestión. Pareciera que sin este objeto de placer el hombre no podría alcanzar niveles altos de excitación. Las parejas se preguntan, reclaman, se reprochan, se angustian. No saben cómo llegar a excitarlos y comienzan a competir con el objeto.

Los hombres son más propensos a unirse a fetiches como complemento para llegar al placer más intenso. El uso de un objeto inanimado para incentivar el placer no significa que la persona padezca un trastorno. Muchas parejas usan recursos “fetichistas” por la connotación erótica que estos tienen. El uso dentro de un marco de acuerdo, entre personas adultas, es una práctica que enriquece el encuentro.

En sexología se habla de un trastorno sexual cuando esta conducta se manifiesta como un impulso irrefrenable a usar el fetiche sin consideración del otro, es decir, cuando el comportamiento autoerótico es el protagonista exclusivo.

Hombres travestidos, hombres que desean travestis

La sexualidad es tan amplia y diversa que limitarla a unas pocas opciones (aprobadas por la sociedad) es quitarle la riqueza que en su esencia tiene. En esta variedad existen hombres que gustan vestirse de mujer, no por excitación sexual sino por el gusto y por el placer de rozar lo femenino (¿es tan categórico el límite?)

El cross-dresser se define como un hombre (hetero, homo, bisexual) al cual le gusta “montarse” sobre tacos, vestirse y maquillarse. Es una práctica extendida en Europa con seguidores en Argentina. En algunos casos sus parejas mujeres lo aprueban y acompañan a sus maridos travestidos a comprar la ropa, así como a eventos de cross.

Diferente es un hombre que desea estar o desarrollar un proyecto de pareja con una travesti. Estos varones no tienen que salir del closet de la homosexualidad porque no lo son. La orientación es heterosexual: quieren estar con una mujer transgénero, no con un varón en el sentido biológico y de género. Tienen que salir del closet que impone la normativa heterosexual y de las dificultades sociales para aceptar este tipo de relación.

Los varones que desean a las travestis mantienen en secreto su disposición y deciden estar en pareja con mujeres que los complacen parcialmente. Ellos saben que el máximo placer sexual lo consiguen con una mujer transgénero, y son pocos los que sea animan a pensar más allá del sexo.

En las parejas de estos varones hay un saber que no se atreven a revelar. Es frecuente que ellas los descubran mirando sitios web sobre travestis. También las fantasías, puestas en palabras durante las relaciones sexuales, corren la cortina a deseos que ya no se pueden ocultar. Sin embargo, las mujeres que descubren la orientación de sus hombres se sienten incapaces de provocar un cambio que las convierta en sujeto exclusivo de amor.

A pesar de los avances sociales y culturales en estos temas (difusión de otras formas de amar, matrimonio igualitario, ley de identidad de género), pasará mucho tiempo para que las personas puedan sentirse libres y orientar su deseo adulto más allá del sexo y de las reglas de la normatividad social.

Sitios porno: uno de cada tres usuarios son mujeres

Nota: Virginia Gallardo

Nota: Virginia Lagos

Quién dijo que las mujeres no miran pornografía? Unos 40 millones de norteamericanos visitan con regularidad sitios para adultos y, de ellos, el 33% serían mujeres. Así concluyó un análisis del sitio Online MBA, basado en estadísticas de varias instituciones.

La investigación aportó más datos interesantes:

– El 70% de los hombres de entre 17 y 24 años miran pornografía on line una vez al mes.

– El 20% de los hombres admite hacerlo en el trabajo. El 13% de las mujeres, también.

– Cada segundo, 28.258 internautas están mirando sitios porno.

– El 25% de las búsquedas y el 35% de las descargas de Internet están relacionadas con la pornografía.

– Los 11 años son la edad promedio en que miran estos portales por primera vez.

– El domingo es el día más popular para ver sitios porno.

Heteroflexibles, una moda que atrapa a cada vez más jóvenes, sobre todo mujeres.

Nota: Chiche

Nota: Chiche

Agustina había estado las tres cuartas partes de la novela buscando a Lucas, el personaje de Gastón Soffritti. Hace una semana, sin embargo, otra curiosidad pudo más y se animó a robarle un beso a Valeria, su amiga. La escena de Natalie Pérez y Sabrina Fogolini en “Vecinos en Guerra” llevó al prime time  de la tele una tendencia sexual de moda: la heteroflexibilidad. Hombres y mujeres que se permiten concretar una relación homosexual cada tanto pero que continúan eligiendo parejas del sexo opuesto. En este caso, el hábito no hace al monje y, si bien los especialistas aseguran que hay un nivel de desafío mayor, buena parte de estos flirteos con el mismo sexo no terminan definiendo una orientación homosexual.

Son una especie de “permitidos” más ligados a la libertad y a la fantasía que una elección definitoria.

Victoria Alfaro, médica especialista en sexología clínica y miembro de la Sociedad Argentina de Sexología Humana, habla de bicuriosidad. “La heteroflexibilidad es una preferencia sexual: una elección voluntaria que determina la vida sexual al establecer un género u otro como objeto de deseo”, explica. Este carácter voluntario es el que no la convierte en una orientación sexual hecha y derecha, como podría ser la hétero, la homo o hasta la bisexualidad. “La orientación no es una elección, por lo tanto no se cambia. Los heteroflexibles van y vienen, prueban, cambian, vuelven a lo anterior”, agrega Alfaro.

Ese ir y venir es tomado como una evolución y no como una pantalla.

No buscan una relación heterosexual para cubrir su verdadera orientación. Apuestan a la variedad y al goce. Sus relaciones no suelen ser promiscuas. “Puede ser un toque o una relación más larga con alguien del mismo sexo en medio de elecciones heterosexuales. Y no implica una experiencia colectiva, casi siempre son parejas únicas mientras duran ”, dice Graciela Faiman, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Lo central es no tener reparos a la hora de elegir o de cambiar.

La tendencia heteroflexible pega fuerte en los jóvenes de clases medias y acomodadas. “Es una franja que está dejando la adolescencia y llega hasta los veintipico. Chicos que se permiten un acercamiento menos prejuicioso al sexo y que tienen un consumo cultural que les suma opciones”, aclara Faiman.

Muchas veces los chicos que se animan a probar una experiencia homo en medio de relaciones hétero tienen amigos que ya lo hicieron. No les da vergüenza contarlo porque, en el círculo en el que se mueven, un touch and go  con el mismo sexo no les quita puntos ni con sus amigos ni para futuras conquistas.

“Hoy los jóvenes son los que viven con más naturalidad la flexibilización de la sexualidad, y la viven de ésta manera desde el inicio de su vida sexual”, asegura el sexólogo Patricio Gómez Di Leva.

Al parecer, la cuestión es probar. En una encuesta del canal erótico Venus, en febrero, sobre 4.396 votos, el 48% dijo tener fantasías bisexuales. El 27% aseguró haberlas concretado. “Son sexualidades más flexibles, que permiten apartarse de modelos rígidos en pos de una construcción más libre y personal y de disfrutar de la sexualidad de maneras diversas”, agrega Gómez Di Leva. Para Faiman, el goce está en el sentimiento de libertad “de no estar atado a una regla universal. Un valor ligado a la juventud”. Alfaro asegura que hay una parte de transgresión y otra de pertenencia a un grupo. “Las mujeres recorrimos un gran camino, ganamos lugares en lo laboral y en lo cultural. Nos liberamos de una manera más integral que los hombres. Y hoy somos interesantes para otras mujeres”, agrega Faiman.

El mundo cambia y los roles no son tan tajantes como en el tiempo de nuestras abuelas. “El destape de la sexo-eroticidad en la mujer, como pueden ser los besos o toques en público, aunque no tengan intención de relaciones homosexuales ciertas, tiene sus raíces en diferentes formas de des-feminización en ellas, y de des-masculinización en ellos”, apunta Alfaro.

Para Faiman, sumarse a una alternativa sexual flexible es más difícil para los varones, porque cargan con el peso de la homofobia y porque están acostumbrados a ser los dueños del mundo. ¿Conflictos? “Los padres sufrimos, fundamentalmente porque a nuestros hijos les pasan cosas que cuando nosotros éramos jóvenes no nos sucedían”, diagnostica Faiman.

Las parejas, en cambio, son un GPS en eterno cálculo. “Enterarse de que un marido, novio o esposa tuvo en algún momento una relación homosexual o fantasea con tenerla puede ser desestabilizador si no se comparten los mismos valores. En una pareja que tiene los mismos códigos, puede ser un disparador para otras prácticas, como el poliamor o el intercambio de parejas”, dice Alfaro. Y en la variedad, parece, estaría el gusto.

Gustos Variados ¿Qué buscan los hombres en las travestis?

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memoriaLa normatividad social establece dos tipos de género basándose en “la naturaleza” de nuestros cuerpos: machos y hembras. Sin embargo, la naturaleza no es la única regente de la sexualidad. La experiencia humana es tan vasta y compleja que supera con creces a los determinantes biológicos. Por lo tanto, existen sexos y sexualidades:

Sexo biológico: varón, mujer, intersexual (cuando coexisten caracteres de ambos sexos).

Sexo psicológico o identidad de género: masculino, femenino, transgénero (travestis, transexuales).

Deseo sexual: heterosexual, homosexual, bisexual.

Una travesti, al igual que un transexual, no es un varón homosexual que se viste de mujer. Es una mujer trans (se siente mujer pero no niega su origen del sexo opuesto). En el primer caso (la travesti), mantiene sus genitales y no se acompleja por tenerlos; y en el segundo caso (la transexual) necesita operarse para readecuar su cuerpo físico a la experiencia subjetiva de sentirse mujer.

Aclarando estas diferencias entre sexo, género y deseo, el abanico de posibilidades se abre, de tal manera que una mujer trans puede tener deseos de estar con un hombre o una mujer; o un hombre heterosexual podría verse deseando a una mujer (biológica y psicológicamente constituida) o a una mujer trans (travesti o transexual).

Los hombres la quieren completa

No es ninguna novedad: hay hombres que buscan travestis para tener sexo y otros que se enamoran y construyen una vida en pareja. A pesar de los avances en materia de sexualidad y aceptación de lo diferente, la tendencia a encasillar existe.

Se cree que un hombre que busca travestis o transexuales es un homosexual encubierto. No es así. Es un varón (identidad de género: se siente masculino), es heterosexual (desea estar con una mujer…Pero trans). A estos hombres heterosexuales les atrae el cuerpo femenino, se sienten fascinados por sus curvas, la sensualidad, y hasta la libertad para el juego erótico.

Hay algunos que son tan exquisitos que rechazan cualquier gesto viril que se cuele o el timbre de voz levemente grave. Puede parecer una paradoja, pero por un lado rechazan signos de virilidad en la figura y en el comportamiento, pero la presencia de los genitales masculinos los atrae.

Están los que desean a las travestis y eligen el cuerpo “completo” que se le ofrece; otros gustan de transexuales operadas, o en vías de readecuar sus cuerpos.

En muchas de las relaciones con travestis el hombre ocupa un rol pasivo, o hay versatilidad y se intercambian los roles, práctica que una prostituta u otra mujer no podría hacer por motivos lógicos. (Aclaración: el sexo anal no es sinónimo de homosexualidad; el erotismo homosexual puede o no incluir esta práctica).

Si hay oferta de prostitución de mujeres transgénero es porque hay demanda. Los varones que buscan tener relaciones con travestis no lo hacen sólo por mero juego o por salir con amigos a una aventura exótica. Les gusta y lo disfrutan, sólo que unos pocos se animan a decirlo.

Algunos sienten que se excitan más que con sus parejas mujeres. Cuando logran un placer alto con las chicas trans quieren repetir la experiencia. En algunos casos surge el dilema existencial: ¿con quién tengo que estar: con mi novia mujer, o mi chica trans?

A los hombres enamorados de mujeres trans se les presenta el gran desafío de blanquear una relación que puede generar incomprensión, burla y rechazo. Sólo unos pocos valientes se animan.

Ser infiel con una chica trans

Existen hombres heterosexuales, en pareja o casados, que esconden sus gustos por mujeres transgéneros. Muy pocos se animan a confiarles a sus parejas actuales por dónde discurre su deseo.

Las mujeres más abiertas aceptan que pueda haber interés, pero no permitirían jamás que su hombre salga alguna noche a saciar sus inclinaciones paralelas. Admiten la necesidad de su partenaire y hasta se permiten fantasear tener una chica trans en la cama, o jugar con algún dildo (consolador) y que ella lo ate a la cintura a la manera de un pene artificial. Hasta ahí llega el permiso.

Los hombres que desean a una chica trans, y están en pareja, se ven en una disyuntiva angustiante, mucho más que si la otra opción fuera una mujer. Los que no pueden confesar su atracción prefieren ocultarlo. No obstante, la conducta que adoptan puede llamar la atención: llamados encubiertos, frecuentes salidas nocturnas, uso desmedido del chat o ingreso a páginas de prostitutas trans. En la cama pueden mostrar una disminución del deseo o una exaltación del mismo cuando se exteriorizan fantasías que incluyan a travestis.

Un hombre heterosexual que desea a una mujer trans vive preso de la normatividad social (bajo el amparo de las creencias religiosas), que no le permiten una expresión autentica de lo que siente.

Tiene que cumplir con las reglas impuestas para un hombre biológico, que se siente hombre psicológicamente, pero que desea igual o más a una mujer transgénero que a una mujer biológicamente y psicológicamente configurada.

Los hombres y las mujeres homosexuales han logrado más aceptación y viven sus vidas con más libertad, les toca el turno a las mujeres y hombres transgénero. Y a los hombres y mujeres que se enamoran de ellas/os.