” La civilización es la multiplicación ilimitada de necesidades innecesarias…”

Hace poco nos enteramos de que por primera vez hay más gente viviendo en ciudades que en el campo. Casi 4.000 millones de personas en la mira de aparatos publicitarios que nos ofrecen novedades inauténticas y superfluas pero que logran instalarse como necesarias y hasta revolucionarias. Cuando a fines del siglo XIX Mark Twain escribió “ Civilization is the limitless multiplication of unnecessary neccesities ” (la civilización es la multiplicación ilimitada de necesidades innecesarias) ya percibía los cambios rápidos e irreversibles de nuestras costumbres pero no se hubiera imaginado que cien años después hablaríamos solos por la calle con una mano en la oreja y una legión de motociclistas repartiría la cena de casa en casa. También supimos hace poco que la cantidad de gente con sobrepeso supera al de personas desnutridas. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 1.500 millones de adultos tienen sobrepeso y, de ellos, 500 millones son obesos. Estos números alarman porque los aumentos más significativos ocurren en niños y familias de bajos recursos. Si bien en la Argentina la desnutrición clásica por insuficiencia proteica y calórica bajó en los últimos años, el desbalance nutricional adquirió un panorama más engañoso. La ausencia de calidad alimentaria ya no se manifiesta tanto en personas de piel y hueso sino por el contrario en rollos y pliegues que ojos poco entrenados como los de un ex-presidente de la Nación pueden confundir con un estado de plenitud –“a vos no te va tan mal, gordito”. Lejos de ser un problema estético de natulareza ligera, el exceso crónico de grasa corporal deteriora la calidad de vida y de la salud porque induce un estado de inflamación generalizada, precipita diabetes de tipo II  y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Para entender cómo llegamos a esta epidemia conviene observar en detalle la colisión entre dos fuerzas poderosas que agigantaron su impacto en los últimos 30 años. Veamos. Por un lado la fuerza de la selección natural, que a través de su paciente dinámica de pueba y error perfeccionó durante millones de años los mecanismos moleculares que permitieron acumular excedentes energéticos de los alimentos consumidos en depósitos grasos. El tejido adiposo resultó ser una de las innovaciones evolutivas claves que alentó la maravillosa biodiversidad animal de nuestro planeta. Cambios evolutivos más recientes en genes que controlan el desarrollo del cerebro, la postura corporal y la movilidad de los dedos dieron nacimiento a un primate muy particular que desde su llegada al mundo hace unos 180.000 años no ha hecho otra cosa que transformarlo. El hombre moderno ( homo sapiens ) aprendió nuevas formas de comunicación interpersonal y grupal que le permitieron desarrollar no sólo herramientas y tecnologías cada vez más sofisticadas sino también civilizaciones con una capacidad sin igual de dominar la naturaleza. Cuatro mil millones de años después del origen de la vida en la Tierra somos testigos de un instante único en el que colisionan dos fuerzas hípercompetitivas que se fueron perfeccionado a través de su propio desarrollo y que no cederán fácilmente a su ambición siempre desmedida de maximizar ganancias, la selección natural y el modo capitalista de producción. Un ejemplo de este impacto actual es la acumulación extraordinaria de tejido graso en buena parte de la población capaz de producir de manera cotidiana, abundante y a bajo costo, una variada gama de alimentos atractivos y de escasas propiedades nutritivas.

En el cerebro de los animales vertebrados existe un núcleo llamado hipotálamo que controla de manera autonómica (automática) una serie de parámetros vitales como la temperatura corporal, la presión arterial y la concentración de oxígeno en la sangre. Estos valores se regulan de forma homeostática dentro de márgenes muy estrechos debido a que pequeñas desviaciones comprometen la sobrevida animal. El balance energético, en cambio, tiene dos diferencias claves. Por un lado no es sólo autonómico sino que participa la voluntad de buscar, obtener, masticar y tragar comida. Por otro lado, la ingesta de alimentos no equilibra el gasto energético para mantener parámetros nutricionales constantes sino que opera de manera alostática anticipándose a demandas fisiológicas inminentes, como se observa en los mamíferos hibernadores durante el otoño, las hembras durante la preñez y los animales jóvenes durante el crecimiento. Los adultos también tienden a comer más que lo gastado porque el hipotálamo estimula el aumento de los depósitos grasos en preparación para un posible período de escasez alimentaria. Estos mecanismos biológicos ancestrales resultan superfluos en buena parte de las sociedades humanas del siglo XXI capaces de producir excedentes alimentarios en forma constante, ofrecerlos a diario en supermercados y kioscos, y guardarlos bajo frío en la cocina. Por primera vez en miles de millones de años de vida animal, muchos dejamos de sentir la incertidumbre de disponer de alimento en los días por venir. A pesar de que podemos racionalizar estos cambios culturales y que no hace falta aumentar nuestros depósitos grasos en ausencia de pronósticos de hambrunas, la comprensión y el entendimiento son propiedades privativas de la corteza cerebral, región del cerebro con capacidades limitadas de doblegar el comando atávico del hipotálamo. La batalla entre estas dos áreas cerebrales será eterna y desigual. La corteza cerebral controla nuestras acciones en algunos momentos, pero el hipotálamo seguirá pidiéndonos que comamos más y más como lo viene haciendo por los siglos de los siglos con singular eficiencia. Nadie duda quién está ganando la batalla. Para los que aún creen en el libre albedrío cortical, un tercer circuito cerebral termina por correr el fiel de la balanza hacia una posición desesperanzadora: el sistema límbico, encargado de asignar a los azúcares, grasas y sales el sello de consumos placenteros, transfiriendo el deseo de consumirlos directamente a la acción.

Ahora, ¿cuánto nos pide comer nuestro hipotálamo? ¿Cuán larga será la hambruna para la que nos prepara ciegamente? Maximizar la ecuación energética convirtiendo excedentes calóricos en depósitos grasos fue una ventaja adaptativa clave en la evolución de los mamíferos. Pero mantener una mochila de grasa demasiado pesada genera un costo muy alto porque aumentan las horas de búsqueda y consumo de alimento y, en igual medida, la competencia feroz con rivales voraces dispuestos a matar o morir por el próximo bocado. Cargar depósitos grasos exagerados también disminuye la eficiencia de los cazadores y recolectores y, más aún, la capacidad de escape ante el ataque de un predador. Pero no somos más cazadores ni recolectores y con el dominio del fuego y luego de la pólvora alejamos a nuestros predadores –incluído el propio hombre. Gordos y flacos llenan el carrito del supermercado con igual eficiencia y tranquilidad, y si tuvieran que escaparse lo harían con igual rapidez en vehículos a motor.

Las fuerzas sinérgicas de nuestros genes y la producción industrial de alimentos están transformado nuestros cuerpos. El gimnasio y la biclicleta aparecen como pequeñas barreras defensivas que por ahora protegen a un grupo poco representativo de las megasociedades. Como paisaje de fondo en esta lucha desigual están los bombardeos multimediáticos con sus permanentes campañas publicitarias y marketing de alto poder de convencimiento que renueva aromas, sabores y promociones imperdibles. Sobrevolando la escena y la confusión de época una bandada de mercaderes lanza desde el aire panfletos con dietas inalcanzables, spas  recuperadores y operaciones reductoras de éxitos efímeros e incomprobables que intentan mantener viva la esperanza de hacernos perder un primer kilo y después, si tenemos suerte, otros más. Empresas y servicios que operan cerrando un círculo perfecto. Primero nos engordan y después prometen adelgazarnos. Negocio redondo. Panza llena. ¿Corazón contento?

Rubinstein es prof. Adjunto de la Fac. de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN), UBA. Investigador Principal del CONICET.

El Rito: Perpetua para el pai umbanda que descuartizó a sus dos mujeres

Lubrano (50), fue considerado por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de San Isidro como autor de dos homicidios calificados: el de su concubina Diana Vanesa Puebla (29) en 2006 y el de su esposa María Teresa Colombo Van Rensburg (72) en 2008.   Lubrano fue condenado por los delitos de “homicidio calificado por ensañamiento” en el caso de Puebla, en concurso real con “homicidio doblemente calificado por el vínculo y por ensañamiento”, respecto del crimen de Colombo Van Rensburg, tal como lo solicitó en su alegato el fiscal del caso, Jorge Strauss.   Los jueces Gonzalo Aquino, Alberto Ortolani y María Elena Márquez consideraron como agravante “el desprecio de Lubrano por el género mujer”, según consta en la sentencia.   La investigación que derivó en la detención de Lubrano se inició el 23 de junio de 2008, cuando vecinos de la zona del arroyo Abra Vieja, del Delta de Tigre, vieron a la altura del muelle 365 una pantorrilla seccionada flotando que, según consta en el fallo, en principio confundieron con “un pescado” o “una pata de chancho”.

Detectives de la Sub DDI de Tigre relacionaron ese hallazgo con una denuncia por abandono de hogar presentada en una comisaría local por Lubrano, quien informaba no saber nada de su esposa, la veterinaria “Tesina” Colombo Van Rensburg, desde el 3 de ese mes.   Los pesquisas tomaron contacto con una hija de la mujer y luego con un hijo, que vive en Estados Unidos y trabaja en el Departamento de Estado de ese país, quienes contaron que su madre le temía a Lubrano, a quien ellos consideraban un “vividor”.

Mediante estudios de ADN se estableció que esa pierna izquierda -el único resto de la víctima que apareció-, pertenecía a la veterinaria desaparecida, por lo que la policía y el fiscal Strauss comenzaron a investigar a Lubrano como sospechoso.   En el juicio declaró el entonces jefe de la SubDDI Tigre, comisario Darío Lutte, quien explicó que averiguaron que dos años antes, el pai había estado en pareja con otra mujer desaparecida.   Esa desaparición fue vinculada luego con el hallazgo en 2006 de una cabeza dentro de una funda de almohadón “pescada” en el río Luján, en San Fernando, y de un cuerpo seccionado a la altura del cuello, los antebrazos y los pies, colocado en una bolsa marinera, en Benavídez, que estudios de ADN certificaron que eran de Puebla.   Si bien no había prueba científica o testigos directos de los asesinatos que comprometieran a Lubrano, el TOC 1 de San Isidro se basó en un cúmulo de indicios presentados por el fiscal Strauss para concluir en que el pai fue el autor de ambos crímenes.   Uno de los elementos valorados por los jueces fueron las múltiples versiones que Lubrano dio respecto del paradero de sus mujeres a las distintas personas que preguntaban por ellas.   En el caso de Puebla, Lubrano llegó a decir que se había fugado del país porque había practicado un aborto ilegal, que se había marchado a Paraguay a operarse los pechos, que se había ido a Brasil, que había muerto en un accidente en San Fernando o que había fallecido de cáncer en un hospital de La Plata.   Para los jueces también es llamativo que ambas mujeres se fueran abandonado lo que más querían: en el caso de Puebla a su hija de 9 años, y en el de Colombo, que era veterinaria y amante de los animales, sus perros.   Otra testigo clave del debate fue la última pareja que Lubrano tuvo antes de ser detenido, quien declaró que en varias ocasiones el pai la amenazó diciéndole: “Vos vas a aparecer muerta en el río como ésas”.

Además, el TOC 1 menciona que los cuchillos secuestrados en el templo de Lubrano en el Delta tienen las características para hacer los cortes “limpios y sin desgarros” que presentaban las víctimas al ser descuartizadas, según consta en las autopsias.   Durante el juicio, Lubrano formuló el insólito planteo de declarar con la única condición de que le inyecten una dosis de “pentotal sódico”, una droga conocida como “el suero de verdad” usada en medicina como anestésico y que en psiquiatría también se utilizó experimentalmente como agente hipnótico.   Lubrano pretendía ser interrogado en esas condiciones para que crean en su inocencia, pero los jueces rechazaron por unanimidad ese planteo y en el fallo explican que la defensa no aportó ninguna prueba que acredite la seriedad de este método.   El fallo conformó a los hijos de “Tesina” Colombo, quienes se encontraban en la sala, y a su abogado querellante, Luis Ricca, quien manifestó a la prensa su satisfacción por la condena.

Gustavo Cordera al desnudo en Chile

Los principales animadores de la primera jornada del Festival Lollapalooza en Chile podrán haber sido la islandesa Björk y la banda inglesa Arctic Monkeys, pero los comentarios y chimentos del día sábado se los llevó Gustavo Cordera, el ex lider de Bersuit Vergarabat que se presentó muy temprano en el evento y en un momento de su show decidió sacarse la ropa y terminar su canción La bomba loca  completamente desnudo ante más de cuatro mil personas.

El tema en cuestión había sido dedicado al pueblo mapuche por, dijo, “desnudarse ante la ley antiterrorista que impuso el G20”. Unos minutos después, el cantante pasó del dicho al hecho quedando sin ropas ante miles de cámaras que lo retrataron e hicieron circular velozmente esas fotos por las redes sociales. “Este es mi regalo para el 2012 que viene, la desnudez, la fragilidad”, dijo Cordera.

Más tarde, en una entrevista para la televisión nacional chilena, el cantante dijo que “sí, me saqué la ropa, como todos lo hacemos todos los días y nos miramos al espejo y nos encantaría que todos nos miren…”.

Luego explicó un poco más largamente lo que sucedió. “A veces no hay significado -dijo a TVN -. Las cosas se hacen porque se hacen. Fue un impulso. Pero Chile es un país en el que, de alguna manera, siempre la hegemonía fue el mundo conservador, moralista, intolerante y miedoso. Y existe otra parte, que es hermosa, que es bien araucana y mapuche” a la que quiso homenajear.

El “show” de Cordera fue apenas pasado el mediodía del sábado, pero sin embargo se siguió hablando del tema todo el día. La otra anécdota del desnudo de Cordera tuvo que ver con que cuando quiso volver a camarines todavía sin ropas y con una cerveza, no se lo permitieron, pero por la cerveza.

Más adelante pasaron por Lollapalooza los británicos Arctic Monekys, el mítico grupo chileno Los Jaivas (seguidos por muchísimo público) y la impactante artista islandesa Björk, dando el mejor show de la noche ante una multitud que para la noche alcanzó los 60 mil espectadores.

Ayer tenía como principales artistas a Foo Fighters, MGMT, Joan Jett y TV on the Radio y, por la Argentina, tocaban al cierre de esta edición Illiya Kuryaki & The Valderramas. ¿Habrán intentado imitar a Cordera? «

Literatura: Libros nuevos y viejos para contar la guerra de Malvinas

Respecto a la guerra de Malvinas, la literatura argentina tiene un hito fundamental y fundacional, medible entre el 11 y el 17 de junio de 1982, que son los días que Rodolfo E. Fogwill tardó en escribir Los Pichiciegos .

Primera y urgentísima voz sobre el conflicto que terminó con la dictadura más sangrienta de nuestra historia, Fogwill entierra su pluma en las trincheras de turba húmeda y helada, y deja un testimonio visionario sobre los combatientes, como criaturas que recrean el mito griego de la joven Perséfone, raptada por Hades y obligada a vivir en el inframundo.

Pero estas perséfones autóctonas fueron sepultadas por el poder de facto en una guerra demencial y armadas con elementos de combate miserables. Cuesta creer que el mismo Fogwill no haya sido uno de esos jóvenes entumecidos por el miedo.

La novela está narrada por los protagonistas menores del conflicto: los últimos soldados en el escalafón, y cuenta la batalla contra el frío, la mezquindad y la tortura en el último tramo de la guerra, hasta la rendición de los altos mandos argentinos.

Es cierto que la ficción es un recurso que da cuenta de los conflictos de una comunidad, sin embargo, y tal vez por ser una de las heridas moralmente más purulentas, no fueron muchos los relatos sobre la contienda que Argentina mantuvo con Inglaterra en el otoño de 1982.

Más allá de la novela mencionada y de la monumental Las islas  de Carlos Gamerro -editada en 1998 y llevada al teatro por Alejandro Tantanián en 2011- que cuenta el derrotero narcótico de un excombatiente en un continuo que incluye la lucha armada de los 70, la represión, la misma guerra y la debacle neoliberal de los 90, la potencia silenciadora del trauma parece haber acallado las voces hasta ahora. Pasados ya 30 años, y a resguardo del lema que dice que el tiempo cicatriza las heridas, nuestras bibliotecas comienzan a poblarse de títulos que nos interpelan.

En 2011 Guillermo Orsi publicó Segunda vida  (Norma), una novela cuyo protagonista es un excombatiente para el que la guerra no terminó y la emprende armado y con socios contra bancos y joyerías. En Las otras islas , una antología de relatos que acaba de publicar Alfaguara con las firmas de Liliana Bodoc y Pablo de Santis entre otros, se instala algo que puede servir como una clave para comprender la marca social que dejó la guerra: la identidad del excombatiente es absoluta y arrasa con cualquier otra subjetividad posible.

Si algo puede leerse en la literatura que sangra por la herida de Malvinas, es que los chicos de la guerra son para siempre ex combatientes.

En su Trasfondo (Adriana Hidalgo), Patricia Ratto ficcionaliza su investigación sobre la participación en la guerra del submarino ARA San Luis: con fallas en los motores y en los torpedos y ajenos a lo que pasaba afuera, la tripulación tuvo que enfrentarse a la armada británica. En La balsa de Malvina  (Suma de letras), Fabiana Daversa le da voz a la hija de uno de esos conscriptos, al que la sociedad dio la espalda; la joven inicia un viaje hacia un pasado que se extiende hasta el siglo XIX y se promete volver a las islas cuando sus calles se llamen San Martín, Bolívar, Ayacucho. Silvia Plager y Elsa Fraga Vidal escribieron Malvinas, la ilusión y la pérdida (Sudamericana), una novela sobre la historia de amor entre María Sáez  y Luis Vernet, últimos gobernadores argentinos en las islas.

En este abundante panorama literario destacan las novelas de Federico Lorenz, Montoneros o la ballena blanca ( Tusquets),y 2022, La guerra del gallo  (Talentura Libros). En la primera, la contraofensiva montonera de 1978 y la guerra de Malvinas son representadas en paralelo, como gestas militares preñadas de derrota. En la segunda, publicada en España a finales de 2011 y próxima a editarse acá, Juan Guinot pone como protagonista un ex no combatiente -por ser demasiado joven no pudo pelear en el Atlántico Sur- que se embarca en una desopilante carrera contra el imperialismo ingles. Una novela que ironiza sobre la megalomanía que llevó a nuestro país a uno de los eventos más crueles de su historia.

By Eddie Boy Casares Posted in Historia

Cine “La chica del dragon tatuado”: ¿El feminismo de Stieg Larsson tenía límites culturales?

Cuando Rooney Mara, protagonista de La chica del dragón tatuado , insinuó que Lisbeth Salander no era feminista, la mujer de Stieg Larsson la hizo callar. “¿Acaso ella sabe en qué película ha estado?” preguntó Eva Gabrielsson, que compartió gran parte de la vida de Larsson, hasta que él murió, en 2004. “¿Acaso ha leído los libros? ¿Acaso ha estudiado su obra?”, dijo. Las preguntas eran retóricas. Para Gabrielsson, Mara era una superstar de Hollywood, ignorante como todas. Si se hubiera tomado el trabajo de comprender la novela antes de interpretar a su heroína, se habría dado cuenta de que “Salander representa una resistencia, una resistencia activa ante los mecanismos que hacen que las mujeres no avancen en este mundo, y –en el peor de los casos– sufran el abuso, como ella lo sufrió”. Yo no pretendo que las novelas sean tratados feministas. Como la mayoría de los thrillers, las novelas de Larsson se basan en argumentos que parecen cada vez más absurdos a medida que se leen. Tal vez Salander pueda haber sido víctima de violación, pero se convierte en una supermujer que enfrenta y golpea a los “Ángeles del Infierno” y vacía las cuentas bancarias de un plutócrata corrupto. Mikael Blomkvist, el periodista pobre y de mediana edad que ayuda a Salander, es un Don Juan políticamente correcto, tan carismático que ni siquiera necesita persuadir a una multitud de bellas mujeres para que compartan su cama. A pesar de todo eso, el feminismo confiere un extraño poder a estas novelas. La persistencia del abuso de las mujeres perpetrado por los hombres, y la expectativa que ellos tienen de que todo podrá seguir igual explican los crímenes y también la decisión de los héroes de resolverlos. Hay algo estremecedor en la idea de que los thrillers de la última década, que son bestsellers, han sido escritos por un raro ejemplar de la modernidad: un hombre de extrema izquierda y feminista. Pero Larsson no era un feminista, o al menos no era un feminista consecuente. Escribió con verdadera rabia sobre la opresión de las mujeres de piel blanca. Y cuando otros trataron de hacer lo mismo escribiendo sobre la opresión de las mujeres de piel oscura, él los tildó de racistas . Larsson suspendió la escritura de la trilogía Millennium para intervenir en el debate sobre los asesinatos de dos mujeres kurdas en Suecia “por cuestiones de honor” (asesinatos cometidos por las familias de las víctimas, que consideran que ellas los han “deshonrado”). Lejos de dolerse por el sufrimiento de esas mujeres, Larsson y su coautor dijeron que quienes hacían campaña en defensa de los derechos de las mujeres en comunidades inmigrantes querían “presentar a todos los inmigrantes hombres como representantes de una actitud única y homogénea hacia las mujeres”. Si lo único que Larsson quería decir era que los derechos de las mujeres deben ser defendidos, independientemente del color o la religión, nadie hubiera podido contradecirlo . Pero él estuvo más cerca de afirmar lo opuesto. Creer que los sistemas legales occidentales, con todas sus fallas, son preferibles a los casamientos forzados, los tribunales religiosos, (donde el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre) y la muerte por lapidación de las mujeres adúlteras basta para ser considerado un “extremista de derecha”. En una caída en la paranoia, Larsson acusó a quienes discrepaban con él de estar preparándose para desencadenar “fuerzas de operaciones especiales, dispuestas a iniciar la limpieza étnica.” Lea usted la trilogía o vea la película y podrá rastrear las creencias de Larsson por sus errores de omisión. Incluyen todas las variedades de violencia masculina contra las mujeres, excepto la violencia inspirada por la misoginia religiosa y cultural . Larsson fue también un hombre valiente, que enfrentó las amenazas de los nazis escandinavos. El hecho de que de vez en cuando propagara ideas brutales en sus panfletos políticos no modifica sus antecedentes antifascistas ni invalida su obra literaria. Lamentablemente, la idea de que el antirracismo exalta el feminismo está instalada en toda la clase media europea liberal y tiene un arraigo muy especial en la izquierda liberal británica. Sus partidarios no se dan cuenta de que están comportándose como los racistas a los que pretenden oponerse. El año pasado, miembros de la Organización Británica, Iraní y Kurda por los Derechos de la Mujer, que no está compuesta por los “extremistas de extrema derecha”, dieron detalles de miles de amenazas, raptos, secuestros, ataques con ácido, golpizas, matrimonios forzosos, mutilaciones y asesinatos que los hombres han inflingido a las mujeres musulmanas y ex musulmanas. Si las víctimas hubieran sido blancas, la izquierda se hubiera enfurecido. Cuando Rooney Mara dijo que ella no creía que la Salander de Larsson fuera feminista, advertí que no era una celebridad frívola.

By Eddie Boy Casares Posted in Cine

El Flaco Spinetta y Sus frases más memorables

Lo que queda, después de todo, es la música. Y en el caso de Luis Alberto Spinetta, quedan los versos más enigmáticos, complejos y melífluos del rock nacional, con la sensibilidad poética y el encanto de lo que no se entiende del todo.
“El talento es el hombre en libertad, nace en cualquier persona que se sienta capaz de volar con sus ideas”, dijo alguna vez, y sobre su propio metier explicó: “La música es un lenguaje que está en el cosmos como todo lo que nos rodea. El músico que se pone en contacto con el cosmos, que sabe indagarlo con amor, que consigue la comunicación con otros ser y con Dios… Ese hombre músico podrá apoderarse y utilizar ese lenguaje como si leyera una clave que pareciera indescifrable y hará su música, sin detenerse jamás”.
“Sé que mi misión es hacer buenos discos. Mi misión la tengo que fundamentar con mi propia existencia”, señaló el “Flaco”, para quien “la canción ya luchó contra todo lo que pudo haberla detenido hasta llegar. Tiene algo de esperamatozoide que atraviesa el alma y también la realidad de uno. Es como un óvulo fecundado por una nueva canción”.
El estilo cuidado de Spinetta lo hizo blanco de algunas críticas y, cuando no, de chistes, pero él dejó en claro: “No por intentar ir por lo estético estoy apartado de la mirada de la gente. Es imposible. Es viable poner, sutilmente, ciertos elementos en un tema, que luego no se conviertan sólo en una canción de protesta”.
“No me gusta que la gente me vea como un ideal o una cosa ficticia, por eso también escondo un poco la trucha”, señaló Spinetta, siempre cultor del perfil bajo.
“La música se parece más a un animal que al hombre. Es como si la música fuera una medusa o una mariposa. Tiene una animalidad, una cosa indomable. Por más que le escribimos o le combinemos lo que sea siempre abarca mucho más”, definió.
Parecía dar clases de metafísica, pero el músico tenía cómo explicarse: “Ustedes vieron que los paisajes pueden alterarse no solamente por una maniobra del cielo, sino por una maniobra que aunque también es del cielo porque de ahí venimos, es una maniobra de nosotros los seres humanos. Las ciudades se desvanecen, se pueden destruir, se pueden sepultar. Pero hay algo que es inefablemente no cambiante, que es nacer”.
“Mientras encuentro ese acorde que busco me siento como un buzo que se sumergen y al colocarme las antiparras veo todo con claridad. O como si estuviera en la nieve y me dieran esas lentes ahumadas para poder verlo todo, no solamente el resplandor”, expresó. “La voz puede decir una sola nota a la vez, pero la cabeza es polifónica”, definió Spinetta, autor de temas como “El anillo del Capitán Beto”.
“No soy de esos músicos que viven para estar tocando su intrumento todos los días. Lo que sí, mi música está influída por mi experiencia de vida, eso es innegable. Está amarrada a lo que vivo. Muchas canciones no las puedo volver a cantar por lo que significaron para mí y para no sentir esa emoción dispuesta de otra manera”, dijo.
“Cuando me veo a mí mismo veo a un flaco que tiene que bajar la panza de tanta cerveza que toma y que a veces es medio tarado…”, se presentó una vez, aunque sólo él viera esa imagen. “En la época en que empezamos con ‘Almendra’, Piazzolla y Los Beatles eran para nosotros verdaderos guías”, recordó.
Pero Spinetta era filoso, no fuera cuestión de que su voz suave y su poesía fueran confundidas con tibieza. “La gran desventaja para algunos es hacer música por ambición, casi como por obligación, para enriquecerse, o para figurar. A  los dos compases sabés qué tipo de trabajo y artista estás oyendo, y ante quién se agacha y para qué”, espetó alguna vez.
“Un cana también es un ser humano, como un loco o un drogadicto. La raíz del mal está en aquellos cuyo vicio es el sufirmiento de los otros”, sentenció.

Expedientes: ¿Qué es el Informe Rattenbach sobre la Guerra de Malvinas?

En el año en el que el conflicto armado por las Islas Malvinas va a cumplir 30 años, la presidente Cristina Kirchner ordenó al Ministerio de Defensa la creación de una comisión que se encargará de hacer público el Informe Rattenbach, un documento elaborado por el último gobierno militar para analizar en detalle el desempeño de las fuerzas armadas en la guerra.

El informe, que nunca fue publicado oficialmente, fue encargado por el gobierno del dictador Reynaldo Bignone, el último antes de la vuelta a la democracia, tomó su nombre de uno de los integrantes de la comisión que lo realizó, el Teniente General (R) Benjamín Rattenbach.

El texto calificó como “aventura militar” a la guerra y recomendó penas graves para sus responsables, incluso la máxima para algunos de ellos, aunque luego no fue tenido en cuenta en el juicio militar.

 

Debido a que la comisión que lo elaboró tenía derechos para pedir información a cualquier organismo público y a personas, logró evaluar el accionar de los responsables de la guerra, desde el Poder Ejecutivo hasta cada uno de los comandantes de las Fuerzas Armadas.