La otra cara de San Valentín

Solo. Así va a pasar San Valentín el 55% de los argentinos. Sin flores, sin bombones, sin dijes que digan “te quiero”, sin promesas para siempre: sin fórmulas de amor. Un estudio hecho por la central de medios EPM de Gustavo Quiroga –realizado a propósito del 14 de febrero entre 10 mil personas de entre 15 y 65 años, habitantes de centros altamente urbanizados de todo el país– dice eso y dice más también: la mayor parte de los que hoy no festejan San Valentín desconoce cabalmente lo que significa el mundo “de a dos”. Y es que si bien el 11% está separado, el 6% divorciado y el 11% viudo, hay un apabullante 72% que está, llanamente, soltero. Y que –a diferencia de la Generación Galán, que veía en el casamiento una salvación existencial– no la pasa tan mal con su vida single.

“Hoy la gente sola la pasa muy bien, en los supermercados hasta se venden botellitas de champagne individuales, porque pueden festejarse a sí mismos sin problemas –asegura Sandra Zabala, directora de Investigación de EPM–. Imaginate: si al llegar a tu casa sólo te está esperando el perro, lo único que te queda es ocuparte de vos. Podés ir al gimnasio, hacer yoga, juntarte con tus amigos. En el tiempo de las abuelas una treintañera sin pareja era un caso perdido, hoy no. Hoy todo lo contrario”.

Por este tipo de cosas, los singles no sólo no se deprimen en San Valentín, sino que incluso redoblan la apuesta y festejan el hecho de estar sin compañía sentimental. La euforia llega a tal punto que en Estados Unidos los 14 de febrero se celebra también el Día del Solitario. Si este contrafestejo existiera en la Argentina, la mayor parte de las adherencias sería femenina: según el estudio de EPM, la población single está compuesta en un 54% por chicas contentas; una tasa que llevó a la consultora Young and Rubicam a hablar de las mujeres solas como “las yuppies de esta década”: el 60% es propietaria del inmueble en el que vive, el 50% entra en el rubro “viajera aventurera”, y el 40% en el de “viajera clase business”. ¿Por qué la mayoría de los solos es femenina? Para Sandra Zabala, no se trata de un factor demográfico (es un hecho que hay más mujeres que hombres en el mundo) sino psicológico. “Las mujeres estamos más acostumbradas a estar solas y nos podemos hacer más cargo de nosotras mismas –dice–. Los hombres, no”.

Clase media, clase sola. El sector socioeconómico que más vive en soledad es el de las capas medias. De acuerdo con el relevo de EPM, mientras que el 53% de las clases baja y alta se declaran solas, en los niveles intermedios la tasa sube al 61%. ¿El motivo? La clase alta no tiene problemas para encontrar pareja (más allá del “factor amor”, lo cierto es que los ricos nunca están solos) y los sectores bajos encuentran en el “contigo pan y cebolla” el único espacio donde se puede ganar una apuesta (porque de dinero y de salud, mejor ni hablar). Pero las capas medias se ubican –como casi siempre– en el limbo de las aspiraciones: al tener la esperanza de zafar, de terminar una carrera o de conseguir algún trabajo –y a la vez tener la ulcerante incerteza del futuro–, dejan el amor para el momento en que lo vivan como prioritario. Es decir, para más adelante. Esta elección se refleja en las edades: mientras que entre los 15 y los 34 años los solos llegan al 62%, entre los 35 y los 64 –una franja que suele encontrar a la gente más estabilizada– bajan al 40%.

Para Lilián Suaya, psicóloga, investigadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y coordinadora del Café Psicológico (un lugar de encuentro y reflexión para gente sola), el nivel socioeconómico condiciona los números en más de un sentido. Y es que hoy, dice Suaya, si tuvieran la posibilidad de pagar un espacio aparte, muchos elegirían estar solos antes que sostener un matrimonio sin rumbo. “Incluso los menores de 30 años ya ni piensan en casarse –asegura–. Antes uno se casaba para irse de la casa de los padres, pero hoy primero se van a vivir solos. Y se cuidan de que cuando vivan solos nadie se meta en sus casas”.

Este tipo de actitudes –que pueden entenderse como un rotundo “vade retro” a San Valentín– desde hace años están siendo revisadas por el marketing, que ubica a esta población bajo el rótulo de “solteros tardíos”. ¿Qué es un soltero tardío? Según Braulio Bauab, director de Brau Comunicaciones (una consultora especializada en marcas de alta gama), es un soltero contento. Una persona que elige la soledad por encima de las compañías enclenques (aunque no descarta hacer pareja en el futuro), que suele tener un buen puñado de dinero para gastar en sí mismo y que se ubica en una franja inferior a los 45 años (“Después de esa edad, dejás de ser soltero tardío para transformarte en solo” distingue Bauab, demoledor).

En Estados Unidos –donde vive en soledad el 45% de los adultos, quince puntos arriba de las cifras de 1960– los solteros tardíos reciben el nombre de “quirkyalones” (quirky significa raro y/o caprichoso) y encabezan un curioso movimiento emancipatorio. Los quirkyalones protagonizan taquilleras series de televisión (Sex and the City, Ally McBeal y Will & Grace), integran organizaciones como el Proyecto Alternativo al Matrimonio (donde se celebran los divorcios), festejan el Día del Solitario los 14 de febrero y hasta usan anillos en la mano derecha, un detalle que alude a las personas felizmente singles.

¿Existe la posibilidad de que un soltero feliz, alguna vez en la vida, se ponga en pareja y festeje los 14 de febrero de una manera “normal”? Una encuesta realizada en forma conjunta por la revista Time y la cadena CNN indica que, técnicamente, sí: el 80% de los solos tiene la esperanza de encontrar un compañero perfecto para ellos. El detalle es que, cuando dicen “perfecto”, se refieren a –bueno– “perfecto”: si no hallaran el partenaire ideal, pero se les presentara a cambio una persona agradable, compañera y hasta “propietaria”, el 66% de las mujeres y el 59% de los varones le daría el olivo. Este pensamiento –llamémoslo así– “detallista” hizo que el psicoterapeuta americano Michael Broder, autor del libro El arte de vivir solo, empezara a hablar del “síndrome de la persona perfecta”, en referencia a quienes andan por la vida buscando una imagen de Almanaque Pirelli, que es lo mismo que buscar a nadie.

De todos modos, tampoco queda claro que estos solitarios neuróticos estén tan equivocados. Si se revisa el estudio de EPM, se puede llegar a entender por qué los singles inventan excusas para no armarse una vida en compañía. Ante la pregunta: “¿En qué te gusta invertir tu tiempo libre?”, los “solos” colocan en la cima de sus preferencias “salir a bailar o a tomar algo”, “hacer deportes” y “tomar clases de danza o de música”, mientras que los acompañados mencionan “hacer jardinería/paisajismo”, “llenar crucigramas”, “ir a museos” y “decorar el hogar”: una inquietante lista de prioridades que invita a pensar si Cupido, además de corazones, no se estará dedicando a atravesar cerebros.

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